A la vista de los acontecimientos de la penúltima corruptela política, con las tarjetas opacas y la cascada de declaraciones de los responsables de sus organizaciones, ya no se sabe qué es peor y más penoso, si lo uno o lo otro.
Si las tarjetas eran opacas, lo que pasaba en las Cajas de Ahorro en el plano de la dirección era transparente como el cristal; con lo cual, si nuestros responsables políticos y sindicales no veían y no sabían nada, es que son ciegos y carentes de la mínima cualidad para representar a los ciudadanos.
Sea por una cosa o por otra, o por las dos, los ciudadanos no nos merecemos a toda esta gente que nos representa y que en el fondo piensa que somos tontos de remate, que con unas declaraciones altisonantes nos reconfortan y hasta la próxima corrupción -que la habrá, sin duda.
Ahora se van a revisar a todas las grandes empresas por si hay un mal uso de estas tarjetas, que está bien, pero un depredador tiene que comerse la presa antes de cazar otra. Una vez cazada Caja Madrid, continuemos con esta y el resto de cajas; deberían continuar revisando las tarjetas opacas del resto de cajas, la concesión de préstamos a bajo interés o interés cero, las provisiones millonarias de fondos de pensiones para directivos, el uso de los dineros destinados a la obra social, los acuerdos entre cajas y sindicatos para su desmantelamiento, sin tener en cuenta los intereses de los empleados, las condonaciones de deudas, las inversiones bursátiles de los dirigentes y sus familiares y, sobre todo, hay que buscar a quien concedía todas estas corruptelas a nuestros representantes para tenerlos contentos y que fueran como borregos a las reuniones y dieran su voto a los intereses de estos capos mafiosos.¡Ah! Cuando digo Cajas, me refiero a las de ahorro y las las rurales. ¡Las rurales! ¡madre mía! Que Dios nos pille confesados y los voceros políticos vayan preparando los discursos para decir que ellos no sabían y no veían.

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