sábado, 4 de octubre de 2014

Mi mundo gatuno y yo - Capítulo 18

   Mis familiares gatunos no dejan de sorprenderme. Una vez tras otra me demuestran con sus acciones lo que son ellos y lo que somos nosotros. Dejadme que os cuente:
Copito
   Copito, es una gatita blanca, chiquitita, delgadita y todos los itas que queramos ponerle. Copito es hija de Minicane, una gata arisca y desconfiada, que a pesar de vivir con nosotros, nunca se dejó tocar, ni acariciar, mantuvo siempre las distancias. Por todo ello sus crías crecieron con esa filosofía de vida y prueba de ello es esta gata.
    Copito fue lo que se llama, la gata ruin de su camada, y como buen ruin mide mucho sus fuerzas. conoce bien sus limitaciones. A Copito nunca la veremos por los tejados, ni aventurándose a excursiones por las casas colindantes, siempre está en el jardín o en el garaje.
   El año pasado ya pude observar cómo colaboraba con su madre Gotu en la crianza y adiestramiento de la camada de Mininitos. Cuánta paciencia derrochaba con los cachorros y lo bien que los instruía por medio de juegos en el arte de trepar y cazar.
   Este año le ha tocado ser madre y la verdad que es una mamá gatuna cariñosa, abnegada y solícita. Eso sí,  con respecto a los humanos no se permite una concesión. Los está educando tal y como es ella: en cuanto nos acercamos, avisa a los peques  para que se retiren a zonas seguras.  Pero, a lo que iba, todos los viajes les  llevo higaditos de pollo -que sé que se vuelven locos. Desde que llegamos hasta que aparece el ansiado manjar, los gatos acampan en las cercanías de la puerta y en cuanto salimos alguno, el tropel de gatos nos rodea al coro del "miau, miau, miau". Si no hay tesoro, vuelven a su lugar de acampada y a esperar.
Copito con su camada
   En el caso de que haya llegado la hora de repartir los higaditos,  se forma una verdadera zaragata de maullidos, saltos, gatos a dos patas pidiendo más, carreras para hacerse con el preciado alimento. Nadie se respeta, ni hay forma de separarlos de mí. Así que tengo que colocarlas y hacer un reparto justo.
    El otro día se incorporaron al festín dos  de los gatitos pequeños. El tercero se quedó mirando desde la distancia cómo sus familiares se ponían las botas. Pues bien, en un momento dado, Copito cogió un trozo en la boca, abandonó el campo de batalla y se lo llevó a Calcetines -el gatito tímido- para luego volver otra vez y repetir la operación.
   Qué lección de generosidad nos dan los animales  cuando las noticias de maltrato, abandono y asesinato de niños no paran de sonar en los medios. Copito prefiere no comer para dárselo a Calcetines, su hijito temeroso que no se atreve a acercarse  al banquete.



  En las siguientes instantáneas podemos ver a Calcetines escondido entre la madera. 



 Fotografía: J. Ruiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario