Las cadenas de televisión y las emisoras de radio tienen, en sus estudios, gran cantidad de sillones quemados por el constante paso de los culos de políticos honestos, corruptos, malversadores y otros de difícil calificación.
Todos están de acuerdo en un asunto: erradicar de la política ciertas prácticas abusivas, rayanas incluso con el delito. Prácticas habituales que de ninguna manera serían admitidas en la empresa más insignificante. Todos afirman que hay que acabar con esta manera de proceder, que hay que legislar para solucionar, de una vez por todas, estas situaciones irregulares, tanto en la política local como en la autonómica o en la nacional.
Ninguno de los que aparecen en las pantallas o se les escucha por el receptor de radio, exigen a su partido, al Senado, al Congreso o al Ayuntamiento que elaboren un proyecto legislativo de regulación de dichas prácticas tan denostadas -sobre todo si las críticas van dirigidas a los políticos de signo contrario al contertulio de turno.
Ninguno denuncia públicamente y con claridad casos concretos, con nombres y apellidos, aunque afecten a políticos de su propio partido. Su condición de representantes del pueblo debería primar sobre la fidelidad a un partido político.
Ninguno denuncia públicamente y con claridad casos concretos, con nombres y apellidos, aunque afecten a políticos de su propio partido. Su condición de representantes del pueblo debería primar sobre la fidelidad a un partido político.
A mí -y supongo que a todos- me gustaría saber qué sueldo cobran nuestros representantes. Y no me refiero a una cifra fría y escueta, no. Me gustaría conocer con detalle cuál es el sueldo base, qué complementos se reciben "en especie", cuánto se percibe por presidir comisiones, qué dietas se cobran por los viajes... Tenemos derecho a saber en qué se gastan nuestro dinero. Facilítese esta información públicamente, cuélguense en Internet las nóminas de todos los representantes públicos


Esta sí es una práctica limpia y necesaria para empezar a limpiar este sistema maloliente y putrefacto que sufrimos y pagamos la mayoría, aunque solo lo disfruten unos pocos chorizos, sinvergüenzas y corruptos en nuestro nombre. En el nombre del pueblo.
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