Desde la plaza del Marques de Pombal y el jardín de Eduardo VII me despido de Lisboa.
Hasta el último momento en cualquier lugar de esta maravillosa ciudad aparecen las constantes que me han acompañado en este viaje.
Azulejos, flores, color, el río con ambición de mar, arquitectura, cielos azules, nubes blancas y esa atmósfera entre decadente y moderna que crea adicción y ya siento necesidad de volver.
¡Hasta pronto Lisbao!
Fotografía: J Ruiz























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