Lo sincero no quita lo valiente y te tengo que confesar que Barcelona, tu Barcelona, Jordi, me enamoró. Hay ciudades que te gustan, que están muy bien, pero hay otras, pocas, en que te encuentras como en tu casa; y a mí en Barcelona me pasó eso.
Por todo esto, no entiendo este sindiós que está pasando. Estoy seguro de que si nos dejaran hablar a la gente, sin políticos, llegaríamos a un arreglo en un periquete.
Yo estoy seguro, Jordi, de que tanto tú como yo lo que queremos es vivir en paz, disfrutar un poquito de la vida, tener salud, tener servicios de calidad y sobre todo que nuestros hijos puedan estudiar, trabajar y emanciparse para formar sus proyectos de vida. ¿Qué va querer un padre para sus hijos sino lo mejor?
No comprendo ese querer enfrentarnos, cuando ni yo te he hecho nada a ti y tu a mí tampoco. Porque nos hablan de 1700 y pico si esas son unas historias en las que no estábamos ninguno de los dos.
¿Por qué no han podido o pueden hablar los políticos respectivos para llegar a un acuerdo y no a este callejón sin salida?
Un callejón que con toda seguridad nos va a perjudicar por igual a ti y a mí, a Jordi y a Javier. A tus hijos y a los míos.
Los Marianos y los Carles no tiene problema; ni ellos, ni sus hijos. De una u otra forma seguirán subidos a los borricos que somos tú y yo. Javier y Jordi, Jordi y Javier, tus hijos y los míos.
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