Por el año 1000 antes de Jesucristo llegaron los primeros fenicios a la península Ibérica. Habían tenido contacto con los egipciosian tomado su religión, mas tarde fundaron una nueva colonia a la que llamaron Kar-tago, que significa Ciudad Nueva. Desde ahí continuaron progresando en sus periplos, acercándose cada vez más al Estrecho de Gibraltar, el cual al principio no osaban pasar, por el miedo que sentían todos los antiguos al océano desconocido.
Fue el navegante Melkart quien desafiando las corrientes de Gibraltar, decide pasar con su baro.
Después de encontrar el océano Atlántico, siguió costeando hacia el Norte, hasta que encontró la desembocadura del Guadalquivir. Decide remontar el río, hasta llegar al lugar que hoy ocupa Sevilla. Aquí, en un islote formado entre dos brazos del río, encontró sitio para fundar una factoría comercial.
Hasta aquí los hechos tal como ocurrieron. Más tarde, sobre esta base real se formó la leyenda. Melkart cuando murió, fue declarado por los egipcios y fenicios como héroe, santo, y dios, cambiándose luego su nombre de Melkart, por el de Herakles, y entre los latinos por Hércules.
Melkart, Herakles o Hércules, subió a los altares de la mitología clásica. Después, los poetas y los autores de tragedias, en Grecia y Roma, inventaron, con sucesos auténticos de su vida, las leyendas de Los doce trabajos de Hércules entre los cuales figuran, más o menos embellecidos, «el haber roto las montañas que unían África y España», lo que significa simbólicamente el haber forzado el paso del Estrecho, derribando los mitos y temores, y convirtiendo en «Plus Ultra» lo que hasta entonces había sido «Non plus Ultra». Y otro suceso, el de haberse apoderado del mercado de cueros y pieles de toros, que enriqueció el comercio fenicio, se convierte en la leyenda de que «limpió los establos del rey Gerión, y domesticó a los toros feroces».
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