miércoles, 13 de mayo de 2020

Leyendas y lugares. La casa de la Sirena. Cuenca

Qué ver en Cuenca en una perfecta escapada de cultura y naturaleza   Cuenta la leyenda, que en una visita que hizo el Infante Don Enrique de Trastámara a Cuenca, con el motivo de dar las gracias a la ciudad, por el apoyo recibido en la guerra contra su hermano Pedro I "El Cruel", rey de Castilla.
   Al pasar por las callejuelas de la ciudad Enrique se fijó en una bella muchacha. Tan prendado se quedó, que mandó a sus sirvientes para conocerla.
     Don Enrique se enamoró de Catalina, nombre de la bella dama,  y quiso que fuera suya para siempre,  prometió a su padre bienes y dinero a cambio de ella. 
   Pasaron muchos ratos juntos Enrique y Catalina, y al final se quedó embarazada.
    Don Enrique tuvo que salir de Cuenca precipitadamente por asuntos de guerra no sin antes ordenar que tanto Catalina como su futuro hijo quedaran recluidos en una casa y que nada se supiera de todo esto por la ciudad.
Catedral de Cuenca (España) - Wikipedia, la enciclopedia libre
    Enrique marchó y en una disputa mató a su hermano el Rey Pedro y se convirtió en Enrique II de Castilla.
    El rey casó con Doña Juana y tuvo un hijo; olvidándose de  Catalina y del hijo que tenía en Cuenca.
     El Rey que era muy supersticioso una noche fue a ver disfrazado de campesino a un hechicero adivinador. Este le dijo que tenía la mano manchada de sangre de un hermano y que tuviese cuidado, que lo mismo le podría pasar a su propio hijo. 
     El Rey se quedó aterrado al acordarse del hijo bastardo que tenía en Cuenca y para que la historia no se repitiera, tal y como le había vaticinado el hechicero, tenía que matar a su hijo bastardo. Pidió perdón a Dios y mandó a sus hombres hasta Cuenca.
    En una noche fría, los hombres del Rey llegaron a la casa de Catalina y le arrebataron de sus brazos a su hijo Gonzalo con alevosía y nocturnidad. Catalina sabía lo que le iba a pasar a su hijo si se lo llevaban y desconsolada intentó por todos los medios que no le quitaran a su hijo Gonzalo, pero fue en vano.
Un ciudadano de Cuenca gana a Google Maps: corrige 'Casas ...   Durante días y días se escucharon los gritos de Catalina llamando desconsoladamente a su hijo, desde las ventanas de su casa que dan a la Hoz del Huécar. Hasta que una noche, presa de la desesperación y la locura, Catalina se precipito al vacío de la Hoz.      Los vecinos de la ciudad aseguraban que por las noches, en la hoz, todavía se podían escuchar los lamentos de Catalina que recordaban a los cantos tristes de una sirena.
   Puede que en las gélidas noches de invierno conquense se escuchen todavía los lamentos de sirena de doña Catalina rebotando contra las rocas de la Hoz del Huécar.

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