jueves, 7 de mayo de 2020

Mujeres olvidadas. Cecilia Sobrino Morillas

Cecilia del Nacimiento.jpg   Cecilia Sobrino Morillas, nace en Valladolid en 1570. Fue fruto del matrimonio entre Antonio Sobrino y Cecilia de Morillas, era la más pequeña de un total de nueve hermanos. Cuatro de ellos profesaron en el Carmelo, entre los que se encontraba la propia Cecilia Sobrino, adoptando el nombre de Cecilia del Nacimiento para su vida espiritual, fue en el Carmelo de Valladolid donde profesó su vida espiritual. El cronista de su vida fue Fray Diego de San José su hermano, que además, no solo lo fue el encargado de dejar constancia de la vida de Cecilia, sino de toda su familia.​
Dibujos de las hermanas en una de las cartas familiares   La encargada de su educación fue su madre “una «mujer cristiana» de fuerte impronta humanista”, quien le enseñó a escribir y leer latín.​ Además no solo la instruyó en los textos bíblicos, también le dio conocimientos de pintura y música. A la muerte de su madre, continuó sus estudios musicales en el Monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid.​
  El 2 de febrero de 1589​ profesó junto a su hermana en el Convento de la Concepción del Carmen de Valladolid, la cuarta de las fundaciones culminadas por la madre Teresa de Jesús. Debido a su forma de ser, se consideró que era la religiosa perfecta para hacerse cargo del Convento de Calahorra en La Rioja, donde en las primeras elecciones, obtuvo el cargo de priora. Durante el mandato, no solo se basó en la vida espiritual de cualquier convento, apostó también por la vida intelectual tal como su madre le había enseñado a ella misma. Tanto es así, que una de sus discípulas, Ana de Trinidad, consiguió ser toda una experta en pintura, poesía, matemáticas, latinidad y música.
   En cuanto a su producción artística cabe destacar que fue escritora y poeta, forma parte de la escuela carmelita y por tanto, debido a esto, se ha visto influenciada por santa Teresa y san Juan de la Cruz.
Una de las pinturas de las hermanas Sobrino   El primero en fijarse en ella por su capacidad intelectual fue Manuel de San Jerónimo quien la menciona, a ella y a su hermana, en una de sus obras, diciendo que “las tengo por dos de las más ilustres religiosas de la Reforma”. ​
Sus escritos están realizados en verso y prosa. Es posible apreciar estas similitudes en obras como “Trasformación del alma en Dios” donde utiliza un método parecido a los de San Juan de la Cruz, a través de una composición teológica-espiritual​

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