sábado, 16 de julio de 2022

Parques y jardines de Madrid. El Capricho.

     

El parque de El Capricho es un jardín de 14 hectáreas ubicado en el barrio de la Alameda de Osuna. Se construyó por expreso deseo de la duquesa de Osuna que sufragó las obras y lo cuidó hasta su fallecimiento. En 1900 pasó a manos de Gustavo Bauer a quien heredaría Ignacio Bauer Landauer ​ hasta que en 1945 la Sociedad Inmobiliaria Alameda de Osuna adquirió el jardín. En 1974 pasó a cargo del ayuntamiento de Madrid.​ 

   María Josefa Pimentel, duquesa de Osuna, en 1783 compró un terreno al conde de Priego que contenía «una huerta y una casa». Un año después, el jardinero de la corte francesa, Pablo Boutelou, le presentó un proyecto inicial para la casa y un jardín diseñado al estilo inglés y chino.

  Entre 1785 y 1789 se llevó a cabo la primera fase de la obra: se remodeló el interior del antiguo caserón,​ se construyó el jardín bajo, el templete y el estanque de los cisnes.

El diseño del jardín fue obra de tres jardineros paisajistas franceses. El proyecto inicial se debe a Pablo Boutelou, hijo de Esteban Boutelou que ya había participado junto a su padre en dos jardines reales: el Campo del Moro y la Granja de San Ildefonso, aunque al final tuvo que abandonar el trabajo para volver al servicio de los reyes. La duquesa entonces contrató a Jean-Baptiste Mulot y Pierre Provost con la condición de no realizar ningún otro trabajo en España.​

   En el jardín se mezclan los estilos del paisajismo inglés, francés e italiano, reflejo de las influencias artísticas de sus diseñadores. Mientras que frente al palacio se crearon parterres formales al más clásico estilo del jardín francés, en el lado sur del palacio, en una zona más baja que el resto, se mantenía el jardín italiano —existente mucho antes de la compra de los duques, posiblemente desde el siglo xvi—, al estilo de los íntimos giardinos secretos de principios del Renacimiento italiano.​  

  Sin embargo, la mayor parte se diseñó como un jardín inglés, caracterizado por un estilo más libre y natural en el que la vegetación no quedaba costreñida a la rígida formalidad de los jardines barrocos franceses. Se ambientó además con elementos románticos, entre los que no podía faltar el agua y los puentes, junto a los cuales se realizaron pabellones y construcciones dedicados al entretenimiento, para crear un ambiente de fantasía muy del gusto de la aristocracia de aquella época. Elementos más clásicos como templetes, columnas y estatuas con representaciones de seres mitológicos complementaban el paisaje.​

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