Situado en el paseo de Recoletos, número 10, con vuelta a la calle Salustiano Olózaga.
El paseo de Recoletos, gracias al plan de reformas impulsado por Mesonero Romanos en 1846, se convirtió en lugar de preferencia de la alta burguesía para radicar su residencia. De ahí que fuera la elección de una de las personalidades más atractivas y emprendedoras de la historia madrileña, como es el caso de José de Salamanca y Mayol, Marqués de Salamanca. Este hombre, en el período isabelino, fue banquero, político y empresario de negocios de muy distintas iniciativas que iban desde el terreno inmobiliario a los ferrocarriles.
El encargo se realizo en 1846 a Narciso Pascual y Colomer, que había saltado a la fama por ganar el concurso para erigir el palacio de las Cortes de España en la carrera de San Jerónimo. El banquero acababa de atravesar una buena racha en la bolsa, que había incrementado su fortuna. Para ello eligió estos terrenos que había adquirido al conde de Oñate en 1845, un solar de unos doscientos mil pies cuadrados lindando con el Pósito de Madrid que había pertenecido al desamortizado convento de los agustinos recoletos, un lugar cercano a la plaza de Cibeles. No obstante, a pesar de las prometedoras perspectivas que la zona ofrecía, lo cierto es que la ubicación elegida tenía todavía cierto carácter industrial, debido a la ya citada presencia del Real Pósito o a la de la fábrica de carruajes que, con su enorme chimenea, se encontraba a la espalda de la finca, y a poca distancia de la cerca de Felipe IV que aún seguía constriñendo la expansión de Madrid.
La construcción del edificio siguió las vicisitudes de la azarosa vida del Marqués de Salamanca. En su Diccionario, en 1847, Pascual Madoz mencionaba que el palacio estaba sin terminar. Su exilio en 1848 significó, sin embargo, la paralización de la construcción e incluso la posibilidad de que fuese subastado para hacer frente a las deudas que habían llevado al Marqués a la quiebra. Amnistiado en 1849, volvió a España y pudo recuperar su fortuna. Las obras se reanudaron en 1850 y la inauguración pudo llevarse a cabo el 18 de diciembre de 1858 con una gran fiesta.
El edificio finalmente inaugurado era una construcción exenta de planta rectangular con un gran patio central que servía de distribuidor de las distintas dependencias. Estaba rodeado por el jardín y cerrado por una verja. Constaba de un sótano situado en la crujía posterior; planta baja donde se ubicaban el vestíbulo, salas y antesalas y planta principal o piano nobile. El edificio tenía una fachada principal que da al paseo de Recoletos, una posterior que daba a los jardines de la parte trasera de la finca, y dos fachadas laterales casi sin perspectiva.
En el exterior Pascual y Colomer parece inspirarse en el renacimiento italiano, tomando como modelo el palacio Chigi de Peruzzi, aunque introduce otros elementos como el esquema serliano de la parte central de la fachada principal, en la que la planta baja adopta un orden dórico, con tres arcos de medio punto, decorados con pilastras con el fuste adornado con motivos renacentistas.
A lo largo de su historia, el inmueble ha sufrido diversas transformaciones fruto de la adaptación a las necesidades del cambio de uso. En 1876 el Marqués vendió el palacio al recién creado Banco Hipotecario de España por la mala situación económica que atravesaba y se trasladó al Palacio de Vista Alegre.




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