Situada en el barrio de Embajadores, va desde la cava de San Miguel,a junto al arco de Cuchilleros, hasta la plaza de Puerta Cerrada. Forma parte del foso o cava de Puerta Cerrada que corría al pie de la muralla. Recibe el nombre del gremio de cuchilleros en ella establecidos desde el siglo XVII.
Conocida también como calle de la Cuchillería por la abundancia de tiendas de espaderos y cuchilleros establecidas aquí por su proximidad con la Casa de la Carnicería, en el lado sur de la plaza Mayor, a un costado del Arco de Cuchilleros.
Cuenta Pedro de Répide que los maestros cuchilleros aquí reunidos tenían por patrón al apóstol Santiago el Mayor, con cofradía y altar propio en la iglesia de San Pedro el Viejo. Describe el entorno del arco de Cuchilleros como «curioso rincón madrileño que parece fondo de aguafuerte», y menciona la «célebre hostería, desglosada de otra famosa cuyo mismo nombre recuerda, y donde la glotonería madrileña puede ser satisfecha con los corderos asados y los besugos al horno». Advierte asimismo Répide que es una calle «de poca animación durante el día, y durante la noche campo de exploración de la baja galantería». De ese ‘turbio esplendor’ se conservan portones y edificios de singular antigüedad y la posterior creación de algunas tabernas, figones o bodegas con pretendida solera como La Daniela, La Traviesa, Asquiniña, Bodegas Ricla o Las Cuevas de Luis Candelas , de entre los que puede destacarse el de Botín.
En esta calle situó el novelista Benito Pérez Galdós varios pasajes de sus Novelas españolas contemporáneas, incorporándola así al mapa del “territorio galdosiano” en la capital de España. Así aparece con frecuencia en Fortunata y Jacinta, como en la fantasmagórica y humorística escena nocturna protagonizada por el personaje Plácido Estupiñá.



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