martes, 6 de febrero de 2024

Mujeres olvidadas. Anita Sirgo

      Ana Sirgo Suárez nació el 20 de enero de 1930 en el seno de una familia de mineros asturianos. Sin ninguna posibilidad de acceder a la  mínima educación.

   Con el final de la Guerra civil y el triunfo golpista, su padre tiene que huir al monte para formar parte de la resistencia, mientras que su madre es detenida y encarcelada en Arnao.​ 

   Recogida por unos tíos, Ana pasa a vivir en Andrín, en el concejo de Llanes. Allí trabaja en el campo y colabora con la guerrilla como enlace.​ A los doce años es descubierta y detenida por la Guardia Civil junto a su madre y un tío. 

   Tuvo la ocasión de ver por última vez a su padre, antes de que fuera asesinado en 1947 y enterrado en una cuneta todavía no localizada.​   

  En 1950 casó con Alfonso Braña Castaño, minero del pozo Fondón. Ambos comenzaron a militar de manera más intensa en el Partido Comunista de España.

    Un mes después del comienzo de la Huelga minera de 1962 y dada la situación de miseria en que se encontraban las familias, las mujeres de la Cuenca minera decidieron organizarse y apoyar activamente la huelga. Así, organizaron piquetes e impidieron que los esquiroles pudiesen acceder a los pozos.

   Anita Sirgo participó de forma decisiva en la organización de los grupos clandestinos de mujeres que se ocupaban, entre otras cosas, de recolectar ayuda en forma de alimentos, transmitir mensajes o repartir pasquines. 

  Participó en el encierro en la catedral de Oviedo  junto con cerca de cuarenta mujeres. Bajo el principio de la no violencia activa, intentaban con ello dar visibilidad a la lucha en todo el territorio español y llegaron a contar con el apoyo del obispo auxiliar de entonces, Segundo García de la Sierra. Finalizaron el encierro después de que se organizaran huelgas de solidaridad en países como Francia o Bélgica. 

  Por su activismo durante la huelga, Anita sufrió los efectos directos de la represión. Fue encarcelada, rapada a tirones, sufrió torturas y quedó sorda del oído izquierdo después de una paliza que le propinó un capitán de la Guardia Civil.​ El por entonces ministro del régimen franquista, Manuel Fraga llego a  mofarse públicamente de ella y a negar las torturas y palizas.​ 

   Tras su puesta en libertad, se vio obligada a exiliarse en París. Al cabo de dos años y ante la impotencia de no poder colaborar con la lucha obrera, en 1966 Sirgo decidió volver a Asturias con el consentimiento del Partido. Una vez en Oviedo, fue requerida y detenida por causas militares y pasó cuatro meses en la cárcel.

  En 2013 fue una de las firmantes de la causa contra los crímenes del franquismo investigados por la jueza argentina María Romilda Servini. Al año siguiente se manifestó con el Tren de la Libertad y junto a las Marchas de la Dignidad.​

 Anita Sirgo falleció el 15 de enero de 2024. Descanse en paz. 


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