Su construcción se inicia en el s. IX, se sabe que su construcción fue ordenada por Alfonso II. El templo está dedicado a los santos mártires egipcios Julián y Basilisa y se hizo sobre el siglo IX.
Es un templo espacioso que presenta claramente definidos los caracteres propios de este estilo. Tiene planta basilical de tres naves, separadas por pilares cuadrados que sostienen arcos de medio punto y presenta un transepto con un alzado remarcado. El iconostasio, que separa la parte reservada al clero, del resto del templo, presenta una remarcable similitud con un arco triunfal.
La decoración escultórica que ha perdurado hasta nuestros días se reduce a los capiteles de mármol en los que descansan los arcos de medio punto. Existen también dos losas de mármol labradas con figuras geométricas de forma hexagonal y motivos florares que hoy en día se encuentran el la capilla central.
En las pinturas al fresco se aplica una técnica de tradición romana (sobre capas de mortero de cal y arena se aplican los pigmentos, como una derivación de la técnica romana, para crear los motivos decorativos). El programa iconográfico se encuentra en la nave central y el transepto.
En primer lugar se encuentra el 'basamento de las pinturas en las que se puede apreciar una labor de albañilería (mármol y marquetería).
En el registro central hay pinturas en perspectiva con la representación del interior de pequeños edificios.
En el nivel más elevado se ven reproducciones de palacios que se alternan con las ventanas.
En la parte superior se encuentran los modillones y en el muro occidental y oriental hay unos recipientes para flores (que proceden de una tradición primitiva).
Aparece un concepto anicónico de la pintura en el que no hay representaciones figuradas y la decoración corresponde al gusto del comitente o mecenas.




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