En la remodelación del palacio supervisada por el arquitecto Luis Bellido y González, contó con la colaboración de los renombrados ceramistas Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo en la ejecución de las exquisitas obras de azulejería.
La cerámica de las escaleras son una muestra de la maestría de la fábrica de cerámica Ruiz de Luna Guijo y Cía.. Las escaleras de las alas izquierda (1910) y derecha (1912) destacan por su amplitud, con una anchura de 1,46 metros, y están adornadas con zócalos que se extienden a lo largo de sus cuatro pisos, alcanzando una altura de 1,25 metros.
Los tramos de la escalera, diseñados con la inspiración de los peldaños del desaparecido Palacio del Infantado de Guadalajara, presentan un grutesco como único motivo en las mesetas. Cada panel se separa del contiguo por una pilastra ornamentada con guirnaldas en el fuste y quimeras en el capitel. Además de las grecas y los rodapiés azules, una cenefa fantasiosa de Renacimiento adorna la parte superior, llevando escudos en los paneles de los escalones, como el emblemático Oso y el Madroño de Madrid y el ajedrezado de la Casa de Bazán. En un tributo a los Marqueses de Santa Cruz, los azulejos exhiben sus armas, al igual que en la plaza de la Villa.



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