A las afueras de Oviedo, entre los años 842 y 850, se construyó Santa María del Naranco.
En su origen fue un edificio civil, abovedado en los pisos inferior y superior, que pronto se convertiría en iglesia de culto a la Virgen. Ordoño I trasladó en 856 la capital del reino asturiano a León y este templo fue donado a Oviedo ya como Santa María del Naranco.
La planta baja consta de una sala rectangular con bóveda de cañón sobre arcos fajones, una novedad importada de Oriente que permite construir una bóveda larga con una cimbra pequeña. Cuenta también con un banco corrido sin arcos fajones.
La sala superior se cubre con bóveda de medio cañón con arcos fajones que arrancan de ménsulas sobre la imposta. Se añadieron arquerías para sostener la bóveda, aligerar el peso del muro y permitir abrir ventanas; el muro pierde función de sostén respecto a la arquitectura visigoda. La tendencia de este templo a la altura tiene origen oriental y también repercutirá en el románico.
En la cara principal de uno de los capiteles (izquierda) aparece el árbol de la vida flanqueado por leones, que en la parte superior le dan guardia y en la inferior comen de él. A los lados, vemos figuras humanas en triángulos, quizá identificadas simbólicamente con los leones, portando báculos o espadas, como obispos o guerreros.
Al exterior, los contrafuertes unifican los dos pisos y se decoran con incisiones, como los arcos, la base del balcón y la ventana superior. Los dos lados menores del edificio no son exactamente iguales, porque en uno hay una puerta y en el otro tres ventanas y porque en los clípeos, en un lado, hay un animal de perfil y en el otro dos.
El balcón con tres ventanas se convirtió en una capilla cuyo altar fue trasladado del templo que hoy llamamos San Miguel de Lillo. Esta nueva capilla quedó rodeada de arquerías.
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