Santa María la Antigua está situada entre el solar de la antigua cárcel de Carabanchel y el antiguo cementerio de Carabanchel Bajo. Fue levantada en estilo románico-mudéjar en el siglo XIII, aunque tiene algunos elementos del siglo XII y conserva en muy buen estado su primitiva estructura medieval.
Se asienta sobre un enclave que estuvo poblado desde tiempos prerromanos. Los trabajos de restauración llevados a cabo en el templo en el año 1998 han puesto al descubierto restos arqueológicos de origen carpetano y romano, como cerámicas, losas y ánforas. Está levantada sobre una villa romana de los siglos II y III. Es posible que durante las épocas visigoda y andalusí existiera un templo anterior.
La cabecera está orientada al este, pauta habitual en la mayor parte de los templos religiosos medievales. Integra un ábside semicircular con bóveda de cuarto de esfera, realizado en mampostería y verdugadas de ladrillos, distribuidas paralelamente. Éste se une al cuerpo principal mediante un tramo rectangular en el presbiterio, de mayor anchura que el absidial y cubierto con bóveda de cañón.
Con respecto al cuerpo principal, presenta idéntica fábrica que la cabecera, excepción hecha de la sacristía y de una casa adosada al muro este, probablemente incorporadas en la reforma del siglo XVII. En estos casos, la mampostería se alterna con cajas rectangulares de ladrillo.
Las tres naves se cubren con techumbre de madera y aparecen separadas por cuatro pilares. Quedan unidas al presbiterio mediante un arco triunfal de herradura, apuntado y doblado, trasdosado por otro arco polilobulado.
Como se ha citado, la portada se encuentra en el muro sur. Es de ladrillo y está dispuesta en saliente, con cierta inclinación hacia el suelo. Se trata de una caja rectangular, en la que se integran tres arcos arquivoltados. Son de medio punto y el central presenta doce lóbulos. Sus apoyos siguen las pautas características de la arquitectura mudéjar y consisten en ladrillos cortados en forma de nacela, debajo de los cuales se ubican las jambas en degradación.
Uno de los elementos más singulares del conjunto es su torre, dada su reducida planta rectangular. Mide 5,70 m de largo, 2,25 m de ancho y 20 m de alto. Es maciza en su primer cuerpo y, en esta parte, presenta la misma fábrica que el cuerpo principal y la cabecera, aunque con variaciones, provenientes de las cajas de ladrillos instaladas en sus esquinales. Estas son desiguales en cuanto a tamaño y número.
El segundo cuerpo de la torre es hueco y está construido enteramente en ladrillo. En su tramo superior, aparecen seis vanos (dos por cada lado largo y uno en cada lado ancho), donde se alojan dos campanas, realizadas en la primera mitad del siglo XX. Los vanos se cierran mediante un sistema de falsos arcos apuntados, abiertos por la aproximación de las hiladas de los ladrillos.
En su origen, la torre carecía de escalera. La existente en la actualidad en su cara norte es fruto de alguna reforma posterior.
Los elementos ornamentales se concentran preferentemente en el interior, donde aparecen restos pictóricos de la Edad Media. Destaca la estructura de madera ubicada junto al muro de poniente, con pinturas sobre la vida de San Isidro, así como diferentes motivos geométricos, en los que dominan los colores rojo y negro. También se conserva una pintura al temple con el escudo del Reino de Castilla. En 2020, durante una restauración, aparecieron también pinturas sobre la vida de María Magdalena, datadas en el siglo XV.







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