En la acera de sus números pares queda la parte trasera del suntuoso edificio de la Real Casa de la Aduana, del arquitecto Francisco Sabatini, terminado de construir en el año 1769 y que desde 1846 es el Ministerio de Hacienda.
En el antiguo y desaparecido edificio del número 4 de la calle de la Aduana (desde el año 1944 convertido en un pequeño pasaje peatonal llamado de la Caja de Ahorros, con salida a la calle de Alcalá), vinieron a instalarse numerosos negocios dedicados al ocio a lo largo del tiempo. Allí estuvieron entre otros, desde los años sesenta del siglo XIX, el Café del Comercio, el Francés de la Aduana y el Café de la Aduana, inaugurado el día 12 de febrero de 1882 por su dueño José Pérez, decorado con sencillez, pero con buen gusto, que ofertaba cubiertos desde 8 reales.
Dotado de luz eléctrica ofrecía cubiertos a dos pesetas, tenía servicio a domicilio y no parecía ser muy del gusto de Jacinto Benavente ya que, en cierta ocasión, al ser preguntado por el nombre algo pomposo del establecimiento, el dramaturgo contestó: “Lo encuentro muy exacto. Cuando entra usted a comer se encuentra con este mundo, y cuando ha terminado está ya en camino del otro”.
En el mismo conjunto de edificios donde se situaba el hotel abrió uno de los cabarés más bonitos de Madrid. Maipu-Pigall's fue inaugurado el día 20 de noviembre de 1926, a las 11h. de la noche, con la actuación de la orquesta americana Palm Beach Seven, el mejor jazz-band negro del mundo.
Maipu-Pigall's se convertiría en el dancing de moda, tanto por sus orquestas como por la magnífica decoración Art Déco de todo el recinto. Salón de té, a las 6h. de la tarde, sus noches atraían a todo Madrid también por las actuaciones de conocidas vedets con lujosos vestuarios.
El salón de baile tenía dos galerías dotadas de palcos, mesas para cenar junto a la pista y un escenario para la orquesta. La suntuosa decoración del local corrió a cargo de Eusebio Sayas y Jesús Dehesa de Mena, prestigioso dibujante por entonces, además de ilustrador y decorador modernista.
En la planta baja se situaba el salón de té, también bar americano, decorado al gusto modernista como todo el local.
Toda esta maravillosa ornamentación desaparecería pocos años después al cambiar el tipo de negocio en este número 19 de la calle de la Aduana porque, el día 7 de enero de 1934 sería inaugurado el frontón Chiki-Jai, espectáculo moral y sumamente distraído, en el que todos los días se celebraban partidos de pelota vasca con apuestas.
El rastro del frontón de señoritas pelotaris Chiki-Jai de la calle de la Aduana, se pierde a finales de los años cincuenta del siglo pasado.
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