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lunes, 29 de septiembre de 2014

Vendimia en territorio Ruiz.

  El otro día os contaba en jerga taurina y en tono humorístico que este fin de semana iba a participar en la vendimia de una viña familiar. Hoy os cuento un poco más sobre ello.
  Desde hace muchísimos años, casi tantos como los que tengo, he acudido a la liturgia anual de la corta de la uva. Al principio era un juego infantil, luego pasó a ser una obligación familiar y desde hace unos años se ha convertido en un acto voluntario, en un homenaje a todos los que han pasado por la viña y que, por unas causas o por otras, ya no pueden acudir al territorio Ruiz, a la comunión anual. 
  Este día suele ser para mí una jornada agridulce y esta vez no ha sido una excepción. Alegre porque he rememorado momentos familiares, felices y entrañables, también  porque, una vez pasado el trago, he comprobado que todavía me encuentro en una situación física medianamente aceptable.
  Me explico: En la vendimia familiar los niños, los ancianos o las personas con alguna carencia física acometen labores de apoyo al resto de vendimiadores ,que son los que cortan y cargan la uva en el remolque. La labor que desempeñes  en la jornada marca en qué etapa de tu vida te encuentras: la vendimia es un barómetro personal. Yo todavía, a Dios gracias, estoy en el corta y carga.
  Es una jornada triste porque se agolpan recuerdos, imágenes de vidas que se van apagando. En algunos momentos me parece ver agachados en las cepas, pegados al remolque o departiendo en el desayuno  a mi padre, a mi abuelo, a Juaneque o a tantos otros con los que he compartido tarea,  y eso me produce un dolor intenso que provoca que alguna lagrimilla se mezcle con el mosto.
   Pasado el mal momento, me reconforta pensar que de existir el más allá -y quiero creer que lo hay-  todos sin faltar uno habrán estado mirando, comentando, riéndose y apoyándonos en la labor. Estoy seguro de que se sentirán alegres al ver que se mantiene la tradición y la viña como ellos la mantuvieron durante su vida.
   Ahora durante unos días arrastraré el dolor de piernas y de riñones, pero el año que viene, si puedo, estaré en la viña a reencontrarme con mis antepasados  y a cumplir con la tradición de vendimiar el territorio Ruiz.
 





  Fotografía: J. Ruiz  

jueves, 25 de septiembre de 2014

Cita en la viña.

    El sábado, Dios mediante, y si el tiempo no lo impide, se celebrará la tradicional vendimia benéfica,  con cepas de las denominaciones: Airén, Albillo, Garnacha, Tinta aragonesa y Uña de gato. Todas ellas de encaste reconocido, bravura probada y especial proximidad al terreno, por este motivo, los entendidos las denominan "cepas alimañas". 
   Los cuchilleros, tijereteros y demás lidiadores serán los habituales, más algún que otro artista invitado. Ya veremos si pasan del photocall. 
   A media mañana, y siempre que la autoridad competente lo indique, se echará un "bocao" consistente en las tradicionales tortillas de patata, conejo al ajillo, fiambres de la tierra y alguna que otra sardina salada, todo ello acompañado por el pan de pueblo y regado con el vino de la tierra. 
    Estáis todos invitados, aunque yo que vosotros no aceptaría. La resaca de la fiesta suele durar varios días y resulta un poco patético no poderse agachar, ni tan siquiera sentarse, sin la presencia de una punzada de dolor. 
    No obstante, sabed que estaréis en mis pensamientos y en los recuerdos de otras vendimias pasadas que no tienen por qué ser mejores, aunque lo parecieron. 


      Vaya esta vendimia por vosotros y, sobre todo, por todos los que estuvieron y ya no están.




 Fotografía: J Ruiz