El otro día os contaba en jerga taurina y en tono humorístico que este fin de semana iba a participar en la vendimia de una viña familiar. Hoy os cuento un poco más sobre ello.
Este día suele ser para mí una jornada agridulce y esta vez no ha sido una excepción. Alegre porque he rememorado momentos familiares, felices y entrañables, también porque, una vez pasado el trago, he comprobado que todavía me encuentro en una situación física medianamente aceptable.
Me explico: En la vendimia familiar los niños, los ancianos o las personas con alguna carencia física acometen labores de apoyo al resto de vendimiadores ,que son los que cortan y cargan la uva en el remolque. La labor que desempeñes en la jornada marca en qué etapa de tu vida te encuentras: la vendimia es un barómetro personal. Yo todavía, a Dios gracias, estoy en el corta y carga.
Es una jornada triste porque se agolpan recuerdos, imágenes de vidas que se van apagando. En algunos momentos me parece ver agachados en las cepas, pegados al remolque o departiendo en el desayuno a mi padre, a mi abuelo, a Juaneque o a tantos otros con los que he compartido tarea, y eso me produce un dolor intenso que provoca que alguna lagrimilla se mezcle con el mosto.
Me explico: En la vendimia familiar los niños, los ancianos o las personas con alguna carencia física acometen labores de apoyo al resto de vendimiadores ,que son los que cortan y cargan la uva en el remolque. La labor que desempeñes en la jornada marca en qué etapa de tu vida te encuentras: la vendimia es un barómetro personal. Yo todavía, a Dios gracias, estoy en el corta y carga.
Pasado el mal momento, me reconforta pensar que de existir el más allá -y quiero creer que lo hay- todos sin faltar uno habrán estado mirando, comentando, riéndose y apoyándonos en la labor. Estoy seguro de que se sentirán alegres al ver que se mantiene la tradición y la viña como ellos la mantuvieron durante su vida.
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