Estoy inquieto, a qué negarlo. Todo esto me parece tan mágico y paranormal, que estoy deseando que llegue la hora de la cita. La tarde está soleada, pero un vientecillo fresco me recueda que estamos en diciembre. Manuel no tarda en llegar. Lo veo aparecer con las manos en los bolsillos y revestido de de la tranquilidad y la confianza que le caracteriza. Viéndolo así estoy seguro de que la demostración va a ser un éxito.
Nada más llegar observo cómo Manuel se dirige a un olivo y se pierde entre sus ramas, abraza amistosamente el árbol. Poco después, aparece pertrechado con dos ramas que, una vez despejadas de hojas, ata con un hilo de cobre que saca de un bolsillo. Ya está todo preparado: la horquilla, el zahorí y el espectador. Comienza la demostración.
Manuel toma la horquilla por los extremos y pega los antebrazos a los costados de su cuerpo. Le toco las manos y compruebo que está relajado, la cruz de la horquilla mira ligeramente al suelo. Comienza a caminar lentamente por el olivar con la horquilla en ristre. Yo, cargado de ansiedad, observo el trabajo de mi amigo. No paro de disparar fotos porque quiero dejar constancia de todo lo que suceda. Recorridos unos pocos metros, veo cómo la punta de la horquilla comienza a elevarse. Manuel traza una marca con el pie -después descubriré que dicha marca señala el inicio de la corriente. Continúa andando hasta que las varillas -que durante todo el trayecto han seguido ascendiendo- golpean con violencia su pecho. En ese punto, vuelve a marcar y Manuel prosigue su camino con paso firme. Ahora las varillas van perdiendo la tensión, se relajan poco a poco hasta quedar en reposo, tal y como estaban al principio, mirando al suelo. En este momento, traza una última señal.
Vuelve a la primera marca con la intención de medir a base de zancadas cuál es el punto óptimo para perforar. Según sus cálculos habría que hacer el pozo en la marca media, en la que trazó en segundo lugar. Manuel asegura que el caudal del pozo será de unos 3.000 litros a la hora, aunque no puede precisar la profundidad a la que se encuentra la vía de agua.
Ahora es el momento culminante, me deja la horquilla y comienzo andar sobre el primer pozo marcado. Paso por encima , pero no siento nada. Ya me lo esperaba, no obstante, me hubiera hecho mucha ilusión haber adquirido, así como por arte de magia, los poderes de Manuel.
Como la tarde está muy agradable, decidimos visitar también una viña de la zona de las arenas. Aquí encontramos otro pozo de un caudal de unos 1.000 litros a la hora
Abusando de la amabilidad de Manuel, le invito a hacer una última prueba, esta vez en mi propia casa, donde yo sé que hay tres pozos. Efectivamente marca las corriente donde exactamente se encuentran los pozos, y eso que uno de ellos estaba con trampa. Me explicare, tengo un brocal decorativo asentado sobre el suelo, alejado unos metros del pozo verdadero. Manuel marca dicho pozo y añade: "Se han desviado un poco" Sin duda, cree que el pozo está debajo del brocal, pero no: el pozo está bajo sus pies. Justo donde él ha señalado una marca. ¡Impresionante!.
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