viernes, 31 de enero de 2014

Demostración de Manuel, el maestro zahorí.


   Los intentos para asistir a una demostración práctica de los saberes de mi amigo Manuel han sido fallido. Unas veces, yo no podía; otras, no podía él, el caso es que el gran día no llegaba nunca. Hoy, por fín, hemos quedado de acuerdo para salir al campo en busca del agua.
    Estoy inquieto, a qué negarlo. Todo esto me parece tan mágico y paranormal, que estoy deseando que llegue la hora de la cita. La tarde está soleada, pero un vientecillo fresco me recueda que estamos en diciembre. Manuel no tarda en llegar. Lo veo aparecer con las manos en los bolsillos y revestido de de la tranquilidad y la confianza que le caracteriza. Viéndolo así estoy seguro de que la demostración va a ser un éxito.
   Una vez dentro del coche, me invita a que elija la zona donde comenzar la búsqueda . En Orgaz hay dos terrenos claramente diferenciados: las arenas y la sierra. Los de aquí saben bien -por su conocimiento ancestral-  que la zona de las arenas, más seca, es adecuada para el cultivo de la vid. Por el contrario, la zona de la sierra, más húmeda, es idónea para el cultivo del olivo. Así que decido elegir un olivar  para la demostración.
   Nada más llegar observo cómo Manuel se dirige a un olivo y se pierde entre sus ramas, abraza amistosamente el árbol. Poco después, aparece pertrechado con dos ramas que, una vez despejadas de hojas, ata con un hilo de cobre que saca de un bolsillo. Ya está todo preparado: la horquilla, el zahorí y el espectador. Comienza la demostración.
   Manuel toma la horquilla por los extremos y pega los antebrazos a los costados de su cuerpo. Le toco las manos y compruebo que está relajado, la cruz de la horquilla mira ligeramente al suelo. Comienza a caminar lentamente por el olivar con la horquilla en ristre. Yo, cargado de ansiedad, observo el trabajo de mi amigo. No paro de disparar fotos porque quiero dejar constancia de todo lo que suceda. Recorridos unos pocos metros, veo cómo la punta de la horquilla comienza a elevarse. Manuel  traza una marca con el pie -después descubriré que dicha marca señala el inicio de la corriente. Continúa andando hasta que las varillas -que durante todo el trayecto han seguido ascendiendo- golpean con violencia su pecho. En ese punto, vuelve a marcar y  Manuel  prosigue su camino con paso firme. Ahora las varillas van perdiendo la tensión, se relajan poco a poco hasta quedar en reposo, tal y  como estaban al principio, mirando al suelo. En este momento, traza una última señal. 
    Yo le miro sin creer lo que acabo de ver. Manuel, sonriente, también me dirige una expresiva mirada que parece decir sin palabras: "lo ves, ya  te lo decía yo". Es el momento de que Mauel me aclare todo lo que acaba de pasar. Parece ser que el punto donde la varilla le golpea el pecho tiene que coincidir con el centro de la corriente.  
    Vuelve a la primera marca  con la intención de medir a base de zancadas cuál es el punto óptimo para perforar. Según sus cálculos habría que hacer el pozo en la marca media, en la que trazó en segundo lugar.  Manuel asegura que el caudal del pozo será de unos 3.000 litros a la hora, aunque no puede precisar la profundidad a la que se encuentra la vía de agua.
   La operación ha sido tan rápida que le sugiero que continuemos por  el mismo olivar, con el objetivo de asistir a una segunda demostración. Continuamos andando tranquilamente. No hemos recorrido ni cincuenta metros, cuando el ritual se pone en marcha de nuevo: marca inicial, golpeo en el pecho, marca media y marca final: el caudal de este pozo sería algo menor.
     Ahora es el momento culminante, me deja la horquilla y comienzo andar sobre el primer pozo marcado. Paso por encima , pero no siento nada. Ya me lo esperaba, no obstante,  me hubiera hecho mucha ilusión haber adquirido, así como por arte de magia, los poderes de Manuel.
      Como la tarde está muy agradable, decidimos visitar también una viña de la zona de las arenas. Aquí encontramos otro pozo de un caudal de unos 1.000 litros a la hora 
      Abusando de la amabilidad de Manuel, le invito a hacer una última prueba, esta vez en mi propia casa, donde yo sé que hay tres pozos. Efectivamente marca las corriente donde exactamente se encuentran los pozos, y eso que uno de ellos estaba con trampa. Me explicare, tengo un brocal decorativo asentado sobre el suelo, alejado unos metros del pozo verdadero. Manuel marca dicho pozo y añade: "Se han desviado un poco" Sin duda, cree que el pozo está debajo del brocal, pero no: el pozo está bajo sus pies. Justo donde él ha señalado una marca.  ¡Impresionante!. 
  











 Fotografía: J. Ruiz.          

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