¡Joder! Esto no funciona o este no se entera.
Tanto, tanto, ¡Contacta por skype! ¡es muy facil! ¡es muy fácil!... Pues llevo media hora y esto no rula, ni por la red ni por ná. Las antenas de 1808 no asoman por ningún lado.
No sé yo si es problema mío o es que el skype de las narices no logra conectar con la red hormiga.
-Aquí, hormiga veloz... Corto.
¿Hay alguien por ahí?... Corto.
-¡Eh! 1808, no me vaciles.
-No te cabrees, hombre. Estaba tomando una sauna y, como comprenderás, no voy a ponerme delante de una cámara en paños menores. No pienses que soy yo Olvido Hormigos, que esa chica, de hormiga, solo tiene el apellido.
-Vale, vale. Es que la lucha con la tecnología me pone de los nervios. No puedo remediarlo.
-Ya lo he visto, mejor dicho, ya he oído tus improperios. Mira, con estos aparatos hay que relajarse y ponerse al nivel de un niño. Entonces todo es sencillo y natural. Ahora, como lo quieras llevar al terreno de una mente rígida y con más agujeros que un queso gruyer, lo llevas claro.
-¡Claro! pero una cosa es predicar y otra dar trigo ¿o me vas a decir que nunca te has cabreado con alguna red o con alguna tablet?
-Pues te podría decir que no, pero te confesaré que sí, que he estado a punto de arrancarme una antena de cuajo. Pero esto queda entre nosotros.
-Vale, vale.
-A todo esto ¿Qué querías?
Nada, solo saludarte.
-¿Y para eso me sacas de un baño caliente y relajante en las aguas del lago Vesubio?
Perdona, 1808. Lo siento
-Anda, Zapatones, si es broma. Me alegro mucho de que te acuerdes de mí. Es un placer hablar contigo. Ahora te dejo, que he salido empapado y me estoy quedando helado.
-Hasta pronto, 1808.
-Chao, Zapatones.

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