domingo, 16 de noviembre de 2014

El skype hormigo

-¡1808!, ¡1808!
¡Joder! Esto no funciona o este no se entera.
Tanto, tanto, ¡Contacta por skype! ¡es muy facil! ¡es muy fácil!...  Pues llevo media hora y esto no rula, ni por la red ni por ná. Las antenas de 1808 no asoman por ningún lado. 
 No sé yo si es problema mío o es que el skype de las narices no logra conectar con la red hormiga.

-Aquí, hormiga veloz... Corto. 
¿Hay alguien por ahí?... Corto.

-¡Eh! 1808, no me vaciles.

-No te cabrees, hombre. Estaba tomando una sauna y, como comprenderás, no voy a ponerme delante de una cámara en paños menores. No pienses que soy yo Olvido Hormigos, que esa chica, de hormiga, solo tiene el apellido.

-Vale, vale. Es que la lucha con la tecnología me pone de los nervios. No puedo remediarlo. 

-Ya lo he visto, mejor dicho, ya he oído tus improperios. Mira, con estos aparatos hay que relajarse y ponerse al nivel de un niño. Entonces todo es sencillo y natural.  Ahora, como lo quieras llevar al terreno de una mente rígida y con más agujeros que un queso gruyer, lo llevas claro.  

-¡Claro! pero una cosa es predicar y otra dar trigo ¿o me vas a decir que nunca te has cabreado con alguna red o con alguna tablet?
  
-Pues te podría decir que no, pero te confesaré que sí,  que he estado a punto de arrancarme una antena de cuajo. Pero esto queda entre nosotros. 

-Vale, vale.

-A todo esto ¿Qué querías? 

Nada, solo saludarte.

-¿Y para eso me sacas de un baño caliente y relajante en las aguas del lago Vesubio? 

Perdona, 1808. Lo siento

-Anda, Zapatones, si es broma. Me alegro mucho de que te acuerdes de mí. Es un placer hablar contigo.  Ahora te dejo, que he salido empapado y me estoy quedando helado.

-Hasta pronto, 1808.

-Chao, Zapatones.  

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