Fue el que bautizó al local con el nombre de Los Gabrieles que hace referencia en cheli , a los garbanzos del cocido.
Los abundantes platos de callos, vaca estofada, pote gallego y por supuesto de cocido madrileño, con precios que oscilaban entre los 0’30 y 0’70 céntimos de peseta, originaron que centenares de personas, llegadas desde todos los puntos de Madrid, agotasen cada día las existencias del establecimiento en poco menos de una hora.
Después de un año el éxito del restaurante propició que su dueño abriera un nuevo negocio con el mismo nombre, situado en la calle Echegaray 17.
Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909.
Este local había estado ocupado desde el año 1886 por un restaurante francés especializado en la venta de ostras de Arcachón, a una peseta la docena, y cuatro años después se convirtió en una almoneda, que liquidó sus existencias a finales del año 1909.
En el año 1915 Los Gabrieles, de la calle de Echegaray, ya contaba con un conocido ambiente compuesto por toreros, guitarristas, cantaores y bailaores de flamenco.
Esta decoración, en su mayoría, consistía en paneles con anuncios publicitarios de diferentes bodegas como “Anís del Cisne”, “La Gitana” (manzanilla), “Marqués del Mérito” coñac y vinos, “Clásica” manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. También otras empresas como “La Balandrista” (conservas) o “Gallegas Olibet” abonaron el coste de los murales cerámicos con el fin de publicitar sus productos en un local cuya fama iba cada vez más en aumento.
Alrededor del año 1924 Adrián Quijano, veterano encargado de Los Gabrieles, hombre a la antigua y de pintoresca facilidad de palabra, se hace con la propiedad del local de la calle de Echegaray, ese rincón simpático donde se refugia la juerga que se quiere ribetear de arte, en opinión de alguna prensa del momento.
La realidad fue que el colmao Los Gabrieles ya se había convertido en uno de los más famosos centros de flamenco que tenía Madrid, contando con su propio cuadro de bailaores, guitarristas y cantaores, a pesar de no ofrecer espectáculos sujetos a horario ni programación específica. Allí se consolidó el dúo formado por el cantaor Antonio Chacón García y el guitarrista Ramón Montoya Salazar, también compositor, siempre acompañado de su famosa guitarra apodada “La Leona”. Montoya fue el primero en impulsar el sonido de este instrumento en el cante ya que, hasta entonces, sólo había servido como acompañamiento de las voces.
Las tertulias de toreros y las jaranas flamencas en los reservados de Los Gabrieles, en su mayor parte organizadas tanto por señoritingos como por individuos de relevancia social, hicieron de Los Gabrieles un lugar cuya fama traspasó la ciudad de Madrid. Los numerosos banquetes que se organizaron para homenajear a escritores, dibujantes y artistas hicieron del restaurante andaluz un lugar al que volver.
La fama de Los Gabrieles, que alternaba la golfería pudiente con una clientela de artistas y escritores de reconocido prestigio, fue decayendo al finalizar la década de los años 50 del pasado siglo. Tres décadas después el local volvió a sus orígenes flamencos, recibiendo una clientela heterogénea compuesta por jóvenes y extranjeros.

La taberna se cerró en 2003 tras 105 años de historia, y el edificio fue vendido para su rehabilitación. Tras un dilatado y polémico proceso de restauración, Los Claveles se volvió a abrir como taberna restaurante en 2013.
La taberna se cerró en 2003 tras 105 años de historia, y el edificio fue vendido para su rehabilitación. Tras un dilatado y polémico proceso de restauración, Los Claveles se volvió a abrir como taberna restaurante en 2013.
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