Margarita Nelken Mausberger nació en Madrid el año de 1896. Hija de un matrimonio de joyeros judíos, de padre alemán y madre francesa, que se afincaron en Madrid y vivieron de su próspero negocio de joyería situado en la Puerta del Sol.
El origen alemán de su apellido provocó que, en muchas ocasiones, esta mujer extraordinaria fuera tomada por extranjera en su propio país.
Su afición a la pintura y la música la cultivó con brillantez y entusiasmo desde la niñez. A los quince años, ya había escrito artículos de arte, y desde los dieciocho hasta los veinte protagonizó importantes exposiciones tanto en España como en el extranjero. Debido a ciertas dolencias visuales le impidieron seguir manejando los pinceles. Entretanto, comenzó a desarrollar una incipiente carrera literaria. Con tan solo quince años publicó su primer artículo en la prensa inglesa (en la revista The Studio), y enseguida pasó a colaborar con diversos medios de comunicación españoles. El primero en que publicó sus trabajos fue la revista La Ilustración Española y Americana, por aquel entonces dirigida por el brillante escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez.
Mostró interés por asuntos concernientes a los grupos sociales menos favorecidos. Su compromiso con la defensa y promoción de la mujer dio lugar a numerosos artículos sobre el tema, y al ensayo titulado La condición social de la mujer en España (1919), que dio a la imprenta cuando sólo tenía veinticinco años de edad. Al mismo tiempo, su lucha en favor de la infancia la impulsó a fundar un centro de atención para los hijos de las madres trabajadoras, al que llamó "La Casa de los Niños de España", institución que enseguida se vino abajo por el enojo que causó entre las clases más favorecidas.
El compromiso socio-político la llevó a formalizar su militancia en el Partido Socialista, en cuyas listas se presentó a las elecciones generales como candidata por la provincia de Badajoz. No sólo salió elegida, sino que pudo alardear de ser la única mujer que ocupó un escaño de diputada en las tres legislaturas de la República. Posteriormente, su propio espíritu combativo e inconformista la empujaron hacia posturas más radicales, que, en 1937, acabaron por conducirla a las filas de Partido Comunista.
Desplegó una incesante actividad en favor del legítimo gobierno republicano, tanto en acciones de naturaleza intelectual, como en servicios de índole humanitaria.
Acabada la guerra, su vida se convirtió en una larga peregrinación a través de los diversos países que podían darle acogida: primero se instaló en Francia, luego en Rusia y, por último, en México, en donde retomó su pasión por la pintura y la literatura y cultivó ambas materias hasta que la muerte la llegó en 1968.




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