Aunque casi nadie incluye al Casón del Buen Retiro dentro de la familia de Capillas Sixtinas Españolas, yo quiero invitarle a merendar en este blog con el resto.
El Casón fue construido por Alonso Carbonel en 1637 como salón de baile del Palacio del Buen Retiro. En origen no fue un edificio independiente, sino una crujía o segmento dentro de una sucesión mayor de edificios. Fue a raíz de perderse los restantes cuando quedó exento.
En la decoración del Casón participó el pintor napolitano Luca Giordano, quien pintó la Alegoría del Toisón de Oro en la bóveda del edificio, que, prácticamente, es lo único original que subsiste del mismo, aunque en realidad este mural está muy restaurado por dos pintores del siglo xix, Germán Hernández Amores y José Garnelo.
En el centro de la composición se erige sobre un pedestal un hombre que viste hábito rojo recamado en oro, gorro ajustado rojo del que cuelga una faja que sujeta con su mano derecha, lleva collar de oro y un manto blanco recogido sobre el hombro izquierdo. A los lados del pedestal, dos guerreros clásicos, uno de pie, iluminado, con penacho de plumas, cabellera rubia rizada, coraza y faldellín dorados, manto rosa, que señala con la mano izquierda la piel de carnero que sujeta con el brazo izquierdo, mientras que con el pie derecho pisa un dragón alado. Flanqueando el lado opuesto del pedestal, otro guerrero sentado en penumbra, con el manto sobre su regazo, levanta con las manos una piel ensangrentada de pelo blanco.
La escena está compuesta en diagonal y ambos guerreros dirigen su mirada hacia el personaje central. En el entorno, ruinas clásicas con restos de columnata porticada y una columna partida sobre basamento a las espaldas del personaje principal; a los pies del pedestal hay una urna dorada con ascuas encendidas y humareda blanca. Completan la escena dos parejas de amorcillos, una revoloteando en el cielo, que sostiene un elemento cruciforme y una cartela epigráfica, y otra posada en lo alto del plinto de la columna partida, entre el follaje del jardín en ruinas: uno de ellos eleva una cartela epigráfica y otro abre una venera de la que caen perlas.




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