La iglesia de Santa Eulalia de Villacintor es una pequeña Capilla Sixtina de pinturas murales renacentistas. 147 metros de arte en los diez arcos de la nave central. Los frescos se redescubrieron en 1995, ya que estaban allí desde el siglo XVI.
En un momento se cubrieron con una capa de cal blanca y nadie guardó la memoria de una magnífica obra de arte hasta que una restauración en los 90 las devuelve de nuevo a la vida.
Para sorpresa de todos, bajo el pigmento blanco había un conjunto pictórico único en las iglesias rurales. Los profetas Miqueas, Daniel, Isaías o Habacuc en medallones con sus nombres claramente escritos, ángeles, escudos con el león rampante en el primer cuartel y el castillo de segundón, la muerte con su guadaña y su mal, un repaso completo de la Biblia.
Una obra dedicada a la mayor gloria de Dios y, también, de los hombres. Porque no faltan los retratos enmarcados en medallones de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico —hijo de Juana, legítima reina de Castilla, y de Felipe el Hermoso— representado con y sin corona haciendo referencia a su abdicación, y también los de su hijo Felipe II ‘el Prudente’ y Juan de Arfe, además del retrato de una misteriosa dama y un caballero, quizá los mecenas de esta obra.
Las obras de esta Capilla Sixtina, que se inauguraron el 16 de mayo de 1558, se hicieron entre 1553 y 1558, siendo rector de la iglesia Diego García Bayón. Las firma Francisco Hernández. Así consta en uno de los murales del templo



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