Comienza la construcción en 1852 por Nemesio Sancha y Herrera, por lo que su arquitectura es reflejo del éxito vital y profesional de este personaje, prototipo del burgués triunfador del siglo XIX. En este sentido, destacan sus amplios y ricos salones para recibir, decorados al estilo isabelino, así como algunos guiños a los avances tecnológicos de la época, como el uso del hierro fundido industrial o la carpintería metálica que sustituye a las labores de forja. En la decoración se rinde homenaje a sus méritos en el mundo mercantil y del Derecho, como se observa en las representaciones del dios Hermes y los laureles, repetidos en la entrada y en la escalera principal. Su condición de jurista se refleja en los símbolos, integrados en la decoración, de los haces o fasces atados al estilo de los lictores romanos.
La fachada, de estilo clásico, sobrio y elegante, cuenta con doce balcones de rejería rematados por molduras y una cornisa superior con ménsulas de ornamentos florales y vegetales.
Se conserva gran parte de la decoración original de algunos espacios, como el gran salón y la “salita real” de la primera planta, de gran riqueza ornamental. Su cometido era deslumbrar con su riqueza a los invitados, pues en ellas se producían las recepciones sociales más importantes que organizaban los propietarios del palacio.
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