Construido el 3 de septiembre de 1880 por don Cándido Lara, de quien toma el nombre. Desde entonces está abierto, salvo cortas etapas de cierres provisionales. Se inauguró reinando Alfonso XII, sin que existieran la luz eléctrica, el Metro o la Gran Vía. En él se estrenaron Los intereses creados (1907) y El amor brujo (1895). Tuvo compañía fija, de gran prestigio, hasta comenzada la década de 1960.
Es uno de los teatros más bonitos de Madrid. Sus reducidas dimensiones, con una cabida actual de 460 espectadores, unida a una belleza singular, le hace ser conocido desde su estreno como la “Bombonera de Don Cándido”, nombre de su mecenas que fue carnicero de profesión en la plaza de Antón Martín y se hizo millonario por sus abastecimientos a los ejércitos reales contra los carlistas.
El teatro se emplaza muy cerca de la Gran Vía, en la calle Corredera Baja de San Pablo con trasera a la calles San Roque, a la sala se accede desde un amplio salón de entrada adornado con columnas de fundición. La única fachada a la calle de la Corredera se inspira en el gusto francés imperante en la época, con un sistema de cuatro arcos, con faroles traídos de París y con huecos para fijar los carteles teatrales. Aún conserva el palco real que utilizó Alfonso XII y XIII, asiduos al teatro por su nunca ocultada afición al “mundillo”.
El Lara se convirtió en el teatro burgués por excelencia, el género chico, el juguete cómico… Siempre tuvo un sello elitista, de prestigio, de grandes estrenos, de actores y actrices de calidad, de público selecto. Así el sueño del carnicero don Cándido se realizó: por allí pasaron directores como Antonio Riquelme, actrices como Lola Membrives, Balbina Valverde, Rosario Pino, Leocadia Alba, Catalina Barcena, la gran Jerónima Llorente, actores como Ruiz de Arana, Ricardo Zamacois, Thulier, y dramaturgos de la talla de Echegaray, Benavente etc. En él se estrenaron importantes títulos de la historia del teatro español como Los intereses creados, El amor Brujo, o Canción de cuna.
A la muerte de Cándido Lara heredó su hija Milagros, y en su testamento dispuso la creación de la Fundación Lara para el sostenimiento de la escuela pública “Nuestra señora de La Paloma”. Para dotarla económicamente estableció que se derribara el teatro y sobre su solar se construyeran viviendas; con la renta que se obtuviera de ellas sufragarían los gastos de la escuela.
Fernando de los Rios ministro de la republica tuvo que acudir a un Decreto monárquico para frenar su desaparición en 1931 y anular las disposiciones testamentarias. Si no hubiera sido por la agudeza del ministro y por la presión popular, el teatro se hubiera derribado.
En los años 80 la crisis económica de esos momentos y el declive momentáneo del teatro provocaron su cierre temporal.
En 1994 fue reinaugurado por Luis Ramírez que terminó convulsionando el adormecido mundo teatral de la época importando con éxito a España el musical norteamericano. Desde entonces el Teatro Lara ha permanecido abierto demostrando el importante papel que representa en la vida cultural de la capital.







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