Cuenta con 385 m2, en seis salas propias, a los que debemos añadir otros 80 m2 compartidos en los pasillos de la 2ª planta donde dispone de varios armarios. Además tiene una sala ignífuga de 4 m2, donde se guardan los fondos de mayor valor.
Todas las salas albergan fondos. Dos son salas de consulta de fondos con 34 puestos de lectura. Las otras cuatro salas están destinadas a los trabajos bibliotecarios internos.
Además dispone de un depósito en Peñarroya (Córdoba) donde se envían los ejemplares duplicados o los documentos de menor uso cuando es necesario obtener espacio en la Biblioteca.
Sobre el nacimiento de la Biblioteca no se tiene datos exactos sobre todo cuando hablamos de una institución con casi 170 años de antigüedad.
El dato real más antiguo del que hasta este momento tenemos conocimiento es un libro de registro que comienza en enero de 1886. Y puesto que su primer número es el 1809, debemos suponer que antes de esa fecha empezó el control para los documentos previos…
Podemos conjeturar que la configuración física actual, en líneas generales, es la que tenía la Biblioteca en 1926, cuando el IGME se trasladó al edificio de Ríos Rosas, con el añadido que se hizo en 2006 del espacio donde actualmente se ubica el mostrador de atención al público.
La Biblioteca tiene una doble misión:
- Intentar mantener un fondo actualizado y vivo que dé el servicio que necesitan sus investigadores, y los usuarios externos, pues está abierta a cualquier persona.
- Conservar, preservar y difundir su patrimonio bibliográfico. En casi 170 años ha podido atesorar un importante volumen de documentos relacionados con las materias propias del centro, constituyendo uno de los más importantes fondos históricos en el campo de las Ciencias de la Tierra. Eso ha permitido que en estos momentos disponga de 333 documentos anteriores a 1830, de los cuales 239 son monografías y 94 son mapas, además de 2 revistas que tienen parte de sus fondos antes de 1830. Y posiblemente esta misión no sea tan común en bibliotecas de investigación.

El fondo documental de la biblioteca del IGME se compone de 3 apartados principales:
- Monografías, que superan los 35.000 ejemplares, encontrándose entre ellos ejemplares de gran valor patrimonial e histórico. En el fondo antiguo conservado se pueden destacar obras tan emblemáticas como De re metallica de Georg Agricola (1556) o la Historia natural de Cayo Plinio Segundo, traducida por Gerónimo de la Huerta en 1624. Alrededor de 4600 obras son del siglo XIX. Además, hay aproximadamente unos 6700 libros electrónicos o digitalizados.
- Publicaciones periódicas, que actualmente está constituido por algo más de 2900 títulos pertenecientes a diferentes países del mundo, y obtenidas en buena parte mediante el intercambio bibliotecario con instituciones similares de otros países. Hay que destacar el Journal des Mines (1794-1814, la revista más antigua conservada en la Biblioteca), el Anales de Historia Natural (más tarde Anales de Ciencias Naturales 1799-1804, la revista española más antigua en nuestro fondo), o el Boletín Geológico y Minero, editado por el IGME desde 1874. Además se mantiene la suscripción de 60 títulos de las revistas en papel y electrónicas más importantes del mundo en el campo de Ciencias de la Tierra para mantener su fondo actualizado.
- Cartografía, que con unos 26.300 ejemplares, es una de las más importantes colecciones cartográficas de España. Este alto número de mapas es posiblemente otro de los aspectos que diferencia a esta Biblioteca de otras de investigación. Éstos son fundamentalmente geológicos pero también se conservan mapas de otros tipos, tales como cartas náuticas, mapas geográficos, planos de minas, o mapas de recursos mineros o hidrogeológicos, etc. Al igual que en las otras tipologías documentales se puede distinguir entre fondo antiguo y moderno.




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