miércoles, 4 de marzo de 2026

Palacios y casas de Madrid. La Casa del Pecado Mortal

     

En la antigua calle del Rosal, numero 3, en lo que es actualmente el tercer tramo de la Gran Vía ( Callao - Plaza de España),  se encontraba la casa conocida como la del Pecado Mortal. 

  Esta casa había sido propiedad de la condesa de Torrejón y dejada por esta en herencia a la Real Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza y Santo Zelo de la Salvación de las Almas, institución fundada en el año 1733 con la finalidad, entre otras cosas, de acoger y asistir sigilosamente a mujeres embarazadas de ilegítimo concepto. Desde Felipe V todos los reyes españoles fueron presidentes de esta Hermandad. 

   La casa con una sola puerta de acceso, que únicamente se abría para dejar salir o entrar a los integrantes de la ronda mendicante. Las ventanas  tenían los cristales pintados y estaban protegidas por celosías y persianas que nunca se abrían, para salvaguardar la identidad de las mujeres que allí vivían. En la parte izquierda de la fachada, había una pequeña ranura a modo de buzón donde se depositaban los memoriales o instancias de las mujeres embarazadas que debían ingresar en la institución, para que no se empañe la heráldica familiar. 

  A las admitidas se las llamaba recoletas y se dividían en dos grupos, las adineradas y las pobres.

  Las ricas podían ingresar en la casa abonando la cantidad de tres pesetas diarias, en concepto de donativo para la Hermandad, y tenían derecho a una habitación individual, cara tapada con un trapo, a visitas de sus familiares y al anonimato. Las mujeres embarazadas pobres eran tratadas de otra manera: no ocultaban su rostro, dormían en habitaciones compartidas e ingresaban en la institución, siempre que hubiese plazas disponibles para ellas, con el requisito de servir a las recoletas adineradas.

  En el año 1918 la cuota de estancia de una recoleta rica en la Casa ascendía a seis pesetas diarias, con todos los derechos ante mencionados. 

   La Casa estaba gobernada por una rectora, mujer de cierta edad, soltera o viuda, que era secundada por un celador: único en conocer el nombre real de las recoletas, siendo además el encargado de inscribir al fruto del pecado en el registro civil y de, si la madre lo consentía, entregarlo a la Inclusa.

  En el mes de mayo de 1926 el Ayuntamiento de Madrid procedió a la expropiación de la Casa del Pecado Mortal de la calle del Rosal, para dar paso al tercer y último tramo de la Gran Vía, abonando la cantidad de 113.794’08 pesetas. 






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