Comienza en la confluencia de la calle de El Salvador con la plaza de la Provincia y finaliza su recorrido en la calle de Toledo. La calle, que conserva su denominación desde el siglo XVI, se cruza a mitad de su recorrido con la de la Lechuga. En 1618 se compró terreno para ensanchar la calle. En 1889 se conservaban antecedentes de construcciones particulares desde 1776.
Según la tradición, anotan Hilario Peñasco de la Puente y Carlos Cambronero, se habría dado a esta calle el nombre de «Imperial» en tiempos del rey Felipe IV, porque en ella se habrían hospedado los primeros misioneros jesuitas que vinieron a fundar el Colegio Imperial, en la actualidad Instituto San Isidro. Según Capmany se habría debido simplemente al hecho de ser una de las vías más próximas al citado colegio. Capmany menciona que en ella estuvo la casa de Alonso de Mendoza, conde de la Coruña.
La calle Imperial es una de las protagonistas del entramado urbano, comercial y humano que forma el gran telón de fondo en la novela más conocida de Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta. Una pincelada de ese escenario y la actividad de la emergente burguesía menestral que habita sus mejores casas y gobierna sus más prósperas tiendas y comercios.


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