Un joven de nombre Dionisio Amorós, fundó la taberna y la bautizo como "El Cantábrico" en honor a su esposa, Fernanda Dehesa, santanderina de nacimiento.
El local conserva su largo mostrador, sus dos grifos plateados de cerveza, los viejos azulejos y un muestrario de fotografías de su propia historia, de la costa cántabra y de Madrid.
Todos los días le llegan los mariscos a sus cocinas para cocerlos frescos y pasar rápidamente a las vitrinas, para poder tentar a los clientes fieles que todos los días se pasan por delante de ellas.
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