viernes, 18 de junio de 2021

Estatuas de Madrid. Alonso González Berruguete

   
  La estatua de  Alonso González Berruguete ocupa el lateral izquierdo del pórtico columnado de acceso al Museo Arqueológico Nacional, en la cara Este del mismo edificio de la Biblioteca Nacional. En ese lugar forma parte de una pareja de estatuas que flanquean la entrada principal del Museo, siendo la otra la del pintor Velázquez.
    El escultor aparece colocado ante un pilar de planta cuadrada y rica labra renacentista. Lleva una vestimenta propia de su oficio y a la usanza de la época, con cinturón, capa y gorro. En la mano derecha muestra el martillo y en la izquierda el cincel, en tanto que sobre el pilar y en el suelo aparecen herramientas del escultor, un plano y una plomada, mostrando de este modo los atributos de su oficio. La escultura presenta un notable empaque, basado en un planteamiento realista, que no idealiza la figura sino que la muestra con gran naturalidad y con un sentido monumental que hace entrever una gran admiración por la obra de Miguel Ángel. En la cara frontal del plinto, figura grabada la denominación del personaje, en letra incisa y emplomada: BERRUGUETE.; mientras que en el lateral derecho se lee el nombre del escultor J. ALCOVERRO. 
 
    Al  aproximarse la finalización de las obras  de la Biblioteca y Museo Arqueológico Nacionales, se convoca en 1891 por la Real Academia de Bellas Artes un concurso público entre escultores españoles, en el que se fijaban los temas y las dimensiones de todas las obras que debían ornamentarla con el fin de completar de esa forma tan importante construcción. Este concurso, como todos los de su época, solicitaba a los autores de los bocetos escogidos el que se realizase una réplica en yeso a tamaño natural, que se juzgaba una vez observada en su situación de destino antes de ser premiada y tallada de forma definitiva.
El escultor ganador de la propuesta de estatua al gran escultor e imaginero palentino Alonso González Berruguete, así como las de Alfonso X y San Isidoro que se hallan en el lado de la Biblioteca Nacional, fue el tarraconense afincado en Madrid, José Alcoverro Amorós, discípulo de José Piquer. Por la estatua de Berruguete, Alcoverro cobró 15.000 pesetas, y utilizó, como en las demás esculturas de este edificio, el mármol blanco italiano, respetando las medidas que había dictado la propia Academia.




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