jueves, 1 de junio de 2023

Madrid - Monumento - Reflexiones (Los Cubos)

   

  La escultura se situa junto a la calle Princesa, en la plaza que popularmente se conoce como “plaza de los Cubos”.

  El autor denominó  a esta obra de comienzos de los años setenta como “Reflexiones”. “Los cubos” llegaría a ser un auténtico monumento urbano que desde sus orígenes aparecerá vinculado inseparablemente a un conjunto edificatorio de nuevo cuño resultado de una intervención especulativa en la ciudad. El monumento, fruto de un concurso ganado por Torner.   

   Se trata de una composición geométrica, modular y dinámica de gran tamaño, a base de sencillos cubos de acero inoxidable, atornillados interiormente y unidos por prismas triangulares (en realidad, cubos más pequeños perceptibles como prismas), que se engarzan en el espacio con una figuración compleja en libre macla evolutiva, como una explosión de rocas metálicas en todas direcciones, en apariencia de arbitraria evolución espacial pero articuladora sin embargo de los ámbitos urbanos libres de la plaza con una escalinata de escala urbana por la cual se accede a los niveles de galerías inferiores que comunican la plaza con las calles del entorno y la cercana plaza de España. El conjunto descansa sobre un podium o pedestal prismático de base rectangular integrado en el tratamiento urbano del recinto, de modo que desde él parece emanar el vuelo de los cubos que, en uno de sus bordes, se derrama sobre el hueco de la referida escalera en descenso a la galería subterránea; de ahí que muchas veces las referencias a la escultura lo sean a una cascada de cubos metálicos. 

   Es el recinto intrínseco al monumento el que hace las veces de pedestal, constituido por un enorme prisma de base rectangular adosado lateralmente al acceso escalonado a las galerías subterráneas, con pavimento de cemento y delimitado en su perímetro por un grueso muro, recrecido 0,23 m. sobre la base superior, todo él chapado con placas verticales de granito y rematado por una albardilla del mismo material a la que se ancla mediante parejas de pilarcillos una doble barandilla metálica. No obstante, el monumento se concibe como un elemento intrínseca e inseparablemente urbano segregado, o fagocitado, por los diversos elementos del escenario cívico del que parece emanar o surgir casi como una evocación geológica ligera: pavimentos, barandillas, escaleras que accedieran a una simbólica gruta urbana bajo el movimiento de los cubos volados y articulados unos a otros como una eclosión de pompas de jabón geométricas. El entorno, así configurado, es por tanto parte del propio monumento de igual manera que el grupo escultórico se apropia del entorno y es parte de su propio recinto.

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