Erigida en el año 780 en Pravia y dedicada a San Juan Apóstol y Evangelista. La iglesia de Santianes es un testimonio clave de los inicios de la arquitectura medieval en España. Un eslabón perdido entre dos mundos: el arte visigodo y el nacimiento del Prerrománico Asturiano. Los vestigios arqueológicos también sugieren que la iglesia pudo haberse levantado sobre una edificación tardorromana.
La iglesia de Santianes de Pravia es un reflejo del Reino de Astrias en sus primeras décadas; un reino aún en construcción que buscaba consolidar su identidad y su dominio.
Cuando el rey Silo trasladó la corte asturiana a Pravia entre el año 774 y el 783, no solo cambió la geografía del poder, sino que sentó las bases de un nuevo ciclo artístico y político. Pravia, heredera de la romana Flavium Avia, ofrecía una posición estratégica alejada del aislamiento montañoso de Cangas de Onís. En este contexto nació Santianes de Pravia, la iglesia más antigua del Prerrománico Asturiano.
Concebida como oratorio palatino y panteón regio, la iglesia de Santianes fue fundada bajo la advocación San Juan Evangelista (de ahí “Sancti Joannis / Santianes”). Quedó Integrada en un conjunto palaciego de ubicación incierta que albergó brevemente la corte praviana antes de su traslado definitivo a Oviedo. Según las crónicas de tiempos de Alfonso III, el rey Silo sería enterrado en el pórtico del templo, mientras que su esposa, Adosinda, nieta de Don Pelayo, fue obligada a retirarse a la vida monástica, respetando las tradiciones de su linaje.
Santianes de Pravia ha sufrido tantas reformas que reconstruir su apariencia original ha requerido un minucioso trabajo arqueológico. Aunque se mantuvo inalterada hasta comienzos del siglo XVII, Don Fernando de Salas, tras obtener el privilegio de ser sepultado en su interior, emprendió en esta época una profunda reconstrucción de la cabecera. En el siglo XIX, nuevas intervenciones alteraron la iglesia significativamente. Se eliminó el pórtico primitivo con la zona de enterramientos reales de la fachada oeste, y se levantó una espadaña. La fisonomía del templo se alejaba cada vez más de su factura originaria.
Figuras clave en la historiografía de los siglos XVI y XVII habían documentado el estado de la iglesia antes de estos cambios tan sustanciales. Gracias a ellos se conocía la planta, distribución y elementos prerrománicos del templo, una información muy valiosa que se empleó en las restauraciones contemporáneas. En 1975 y 1980, estudios arqueológicos confirmaron la existencia de una cabecera semicircular peraltada, propia de modelos paleocristianos y visigodos. Dichos estudios, bajo la dirección de José Menéndez Pidal, se extendieron a actuaciones de restauración (en algunos aspectos un tanto pretenciosas) para eliminar añadidos tardíos y recuperar la fisonomía altomedieval. Se reubicó la fachada decimonónica y se diseñó una tribuna regia que, según expertos actuales, se inspiró en templos un tanto posteriores a los de la corte praviana.
Santianes de Pravia fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931. Actualmente se encuentra en buen estado de conservación y sus elementos arquitectónicos más relevantes pueden apreciarse tanto in situ, en el propio templo, como en el Museo del Prerrománico de Santianes (anexo a la iglesia), donde se exponen restos arqueológicos recuperados en las excavaciones.
El interior aún conserva arquerías de medio punto sobre pilares cuadrados, heredadas de la arquitectura visigoda, que posteriormente se convirtieron en un rasgo característico del arte asturiano hasta la llegada del periodo ramirense.
Otro de sus elementos más singulares es la pila bautismal de inmersión, excavada en el suelo de la nave derecha. Su presencia resulta un tanto excepcional en el contexto asturiano del siglo VIII, lo que ha llevado a plantear la hipótesis de que la iglesia de Santianes no fue una construcción completamente nueva, sino una reconstrucción de una basílica paleocristiana preexistente.
La iglesia de Santianes de Pravia conserva fragmentos del acróstico de Silo, una inscripción que confirma el patrocinio real del templo. La frase "SILO PRINCEPS FECIT" (EL PRINCIPE SILO LO HIZO) estaba grabada en una piedra laberíntica y podía leerse en múltiples direcciones desde una "S" central; repitiéndose más de 45.000 veces. Aunque la lápida original se perdió, algunos fragmentos aún pueden verse en la iglesia y en el Museo del Prerrománico, donde también existe una réplica que muestra cómo era en su totalidad. El museo alberga otras piezas de gran valor arqueológico, como canceles decorados, inscripciones epigráficas y un relieve grabado con gran detalle en una lápida que podría representar el palacio de Silo y Adosinda.
En el interior del templo se conserva un extraordinario calvario románico de finales del siglo XII o inicios del XIII, compuesto por un Cristo crucificado y dos figuras que lloran su muerte. El Cristo presenta el brazo izquierdo mutilado y restos de quemaduras después de ser arrojado al fuego durante la Guerra Civil.






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