María Cristina de Borbón-Dos Sicilias participó activamente en redes de corrupción económica durante y después de su regencia, involucrándose de manera directa en el tráfico de esclavos, los negocios azucareros y el tráfico de influencias en el Caribe colonial.
Investigaciones en su correspondencia y archivos históricos han confirmado que tanto la reina regente como su segundo marido, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, invirtieron y obtuvieron cuantiosos beneficios del comercio y la explotación de esclavos en ultramar (principalmente en Cuba.
Sus empresas asociadas operaban en el sector del azúcar y las plantaciones, un sistema económico que dependía totalmente de la mano de obra esclavizada a pesar de las presiones
Utilizó testaferros, sociedades pantalla y su posición de poder político para blindar sus inversiones coloniales, mineras y ferroviarias, acumulando una inmensa fortuna personal al margen del Estado.
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