Mostrando entradas con la etiqueta personaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personaje. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de mayo de 2022

Madrileños célebres. González de Clavijo, Ruy

 

    Ruy González de Clavijo nacio en Madrid en un año sin determinar del siglo  XIV. 
  Dentro de una familia noble, recibio la educación correspondiente, noble. Su apellido de ascenencia toledana era muy antiguo y conocido  en la villa. 
   Fue camarero de Juan I, Enrique III y  más tarde de su hijo Juan II.

  Poco más se sabe de el, hasta que Enrique III decidió enviar a Clavijo como embajador a Tamerlán. El 21 de mayo de 1403embarcó en El Puerto de Santa María en compañía de una docena de hombres, entre los que se encontraban fray Alonso Páez de Santamaría, el guardia real Gómez de Salazar —que murió en el viaje— y Alonso Fernández de Mesa. El trayecto cubrió de El Puerto de Santa María hasta Trebisonda —donde empezó el viaje por tierra el 11 de abril de 1404—,  y luego hasta  Samarkanda, adonde llegó el 8 de septiembre de 1404.

La intención original de Clavijo era la de encontrarse con Tamerlán en Medio Oriente, quizás en Turquía o Siria, pero Tamerlán había decidido volverse a Samarkanda, asi que  Clavijo tuvo, que perseguir a Tamerlán en su continua vuelta a casa y —afortunadamente para la historia— tuvo que seguirle hasta Samarkanda, convirtiéndose, sin duda, en el español que hasta entonces más lejos había llegado, y casi con toda probabilidad en el primer “Embajador” de Europa en Asia.

La crónica de Clavijo describe en gran detalle, no solamente el viaje en sí, los lugares y ciudades por los que pasó y su historia, sino que incluso resulta ser un documento de gran interés histórico sobre Tamerlán y su entorno. Son de destacar las descripciones detalladas de ciudades, en particular la Constantinopla todavía cristiana, las de las dieciocho fiestas con las que fue agasajado en Samarkanda, las vestimentas de las cortesanas y del propio Tamerlán, la boda del nieto de Tamerlán Ulug Beg, el bazar... El relato es el único testimonio europeo del lujo de esa Corte, y base de la leyenda de Samarkanda. Describe en detalle las negociaciones con diversos mandatarios cuando pasó por sus territorios, en sí una lección de diplomacia. Las maravilladas descripciones de una jirafa —vista por primera vez— y de una batalla de elefantes —“marfiles”— son extraordinarias joyas de la narrativa medieval española.

La embajada de Clavijo fue, diplomáticamente, una iniciativa sin mayores consecuencias y de resultado incierto. 

En el viaje de vuelta, que Clavijo narra más sucintamente, se detuvo incluso en Savona, donde fue a ver al Papa, “con quien debía tratar algunos asuntos”. 

Clavijo llegó finalmente a Alcalá de Henares el 24 de marzo de 1406, y firmó su crónica “Laus Deo” (alabado sea Dios).

Clavijo murió el 2 de abril de 1412 y fue sepultado en un túmulo de alabastro suntuoso y ricamente labrado en la capilla mayor del convento de San Francisco de Madrid. Alrededor de la sepultura, podía leerse: “Aquí yace el honrado caballero Rui González de Clavijo, que Dios perdone, camarero del Rey Don Enrique, de buena memoria, e del rey D Juan su fixo, al qual el Dicho Señor Rey ovo enviado por su embaxador al Tamorlan, et finó dos de abril año del Señor de M. CCCC. XII Años”. Se derribó este sepulcro para poner en su lugar el de la reina doña Juana, mujer de Enrique IV. Esta capilla fue finalmente demolida en 1760.

Sus casas estaban donde luego se edificó la capilla del obispo en la parroquia de San Andrés, donde hoy se encuentra una placa conmemorativa en la parte inferior de la plaza de la Paja. Estas casas eran tan suntuosas que sirvieron de aposento al infante don Enrique de Aragón, primo del rey Juan II. 

Su aventura, sin embargo, y su descripción se encuentran entre los grandes relatos del ámbito universal, equiparable, por ejemplo, a la aventura de Marco Polo, conocido en el mundo entero. No obstante, no dejó idioma, ni trajo consigo oro, brillantes, alhajas, seda, tafetanes, especias, que tan bien describió en su libro. No dejó nombres españoles —aunque emociona su descripción del lugar de veraneo de Tamerlán, “Carabaque”, hoy más conocido con su fonética anglosajona “Karabakh”—, y también se querría creer que en la reciente transcripción del alfabeto cirílico al latino de la lengua turkmena, la súbita aparición de la letra “eñe” ha sido una herencia tardía del paso de Clavijo. No dejó religión, ni costumbres, y tampoco llevó armas, ni mató, ni guerreó con nadie; todos ellos elementos que en una u otra forma se han ensalzado en toda gesta, y que quizás explican la falta de atractivo popular de la figura.

Finalmente, con el ocaso de la ruta de la seda y las especias, al descubrirse casi un siglo más tarde la ruta del mar por Vasco de Gama, Asia Central perdió el interés geoestratégico, del cual había gozado durante los siglos anteriores. Así, una iniciativa diplomática frustrada, sin mayores consecuencias, cayó en el olvido, al mismo tiempo que se empezó a ensalzar la aventura de nuestros conquistadores en América.

viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Quien es el general Cassola?

Manuel Cassola y Fernández, en La Ilustración Española y Americana.jpgManuel Cassola Fernández (Hellín, 26 de agosto de 1837-Madrid, 10 de mayo de 1890) fue militar, político liberal y Ministro de la Guerra.
  Hijo del italiano instalado en Hellín y dedicado a la enseñanza llamado Alberto Cassola, ingresa en el Ejército estudiando en la Academia de Infantería de Toledo y siendo ya subteniente con 19 años.
 Entre 1862 y 1871 combate en la intervención aliada en México y en la guerra de restauración en Santo Domingo. Se casa un año después con María del Carmen Arce y Gutiérrez. Combate en la Tercera Guerra Carlista siendo ascendido a coronel en 1873 y a brigadier en 1874. Capitán General de Granada en 1875, en 1876 es destinado a Cuba para combatir a los separatistas, lo que le vale el ascenso a teniente general. Diputado por Cartagena entre 1879 y 1886 y posteriormente de senador por Canarias. Adscrito a los liberales, entre marzo de 1887 y junio de 1888 es nombrado ministro de la Guerra.
 Durante su mandato trata de poner en marcha una amplio programa de reforma del Ejército que contemplaba el servicio militar obligatorio para acabar con el injusto sistema de redenciones y la creación de un moderno cuerpo de Estado Mayor. Por último, preveía la supresión de la dualidad de ascensos y la creación de un Banco Militar de Préstamos para acabar con la precariedad de muchos oficiales. El programa finalmente fracasó por ser considerado socialmente radical, aunque sería germen de las reformas llevadas a cabo, ya en el siglo posterior, por José Canalejas y Manuel Azaña.