Hoy, hace exactamente dos años que comenzó mi relación de amistad con 1808. Fue una tarde en que la modorra de la siesta pudo con mis sentidos y tuve que reposar mi cabeza,durante unos minutos , sobre la mesa del jardín. No habían transcurrido siquiera un par de minutos cuando unos gritos desgarradores lograron que, a duras penas, abriera primero un ojo y luego el otro. Ante mí apareció una animalito negro, cabezón y antenudo que estaba atrapado entre el ala de mi sombrero y la mesa.
![]() |
| 1808 |
¡Socorro! ¡Socorro! ¡Ayúdame gigantón!¡Por favor, gigantón! ¡Sálvame!
Levanté la cabeza. Con gran asombro abrí y cerré los ojos, como si no diera crédito a lo que estaba sucediendo. El animal continuaba gritando y gritando. Ya no había ninguna duda: no era un sueño, yo estaba manfiestamente despierto. ¡La hormiga hablaba! ¡La hormiga me hablaba a mí!
Tomé con cuidado el sombrero para no dañar a la hormiga, que sin ningún temor me dijo:
-Gracias gigantón. Y continuó su camino a lo largo de la mesa.
-¡Alto, hormiga! -dije yo. Me despiertas, me hablas y ahora intentas marcharte como si aquí no hubiera pasado nada. Vamos a ver. ¿Tú puedes hablar?
-Pues claro, gigantón. ¿Crees que somos tontas? Hablamos desde el mismo momento en que nacemos y no solo un idioma como vosotros. Nosotras hablamos todos los idiomas humanos y además el hormigo, nuestra antena materna, perdón, nuestra lengua materna.
-No me lo puedo creer, nunca lo he oído.
-Bueno, gigantón, -contestó la hormiga- el hecho de no oír algo no quiere decir que no exista. Nosotras hablamos, pero tenemos prohibido comunicarnos con vosotros, como medida de seguridad. ¡Sois tan simples y tan egocéntricos, que no lo soportaríais!
- ¡Joder! ¡ joder!
-Bueno, bueno, bueno...Podemos hablar en el registro que quieras, aunque preferiría uno menos ordinario.
-Perdón, hormiga.
-No me llames hormiga, a secas, me puedes llamar 1808, que es como me llaman mis amigos. Tú ya sé que te llamas Javi. Siempre Javi por aquí, Javi por allá y yo, dale que te pego, cargada como una burra e intentando esquivar la pisada de tus zapatones.
Ahora tengo que dejarte, que llego tarde y,si encima se entera mi jefa de que estoy hablando contigo, me mandan a los almacenes centrales.
-¡Espera un momento! -grité yo. Dime, venga, dime. ¿Volveremos a vernos?
-Si -contestó lacónicamene mi nueva amiga.
-¿Y a hablar?
-Bueno... Vale. Cuando pase por aquí y te vea, te llamo.
De esta forma comenzó mi relación con 1808, mis conversaciones con 1808.
Continurá

No hay comentarios:
Publicar un comentario