sábado, 16 de agosto de 2014

Mis conversaciones con 1808.

   Hoy, hace exactamente  dos años que comenzó mi relación de amistad con 1808. Fue una tarde en que la modorra de la siesta pudo con mis sentidos y tuve que reposar mi cabeza,durante unos minutos , sobre la mesa del jardín. No habían transcurrido siquiera  un par de minutos cuando unos gritos desgarradores lograron que, a duras penas,  abriera primero un ojo y luego el otro. Ante mí apareció una animalito negro, cabezón y antenudo que estaba atrapado entre el ala de mi sombrero y la mesa.
1808
    ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Ayúdame gigantón!¡Por favor, gigantón! ¡Sálvame!
    Levanté la cabeza. Con gran asombro abrí y cerré los ojos, como si no diera crédito a lo que estaba sucediendo. El animal continuaba gritando y gritando. Ya no había ninguna duda: no era un sueño, yo estaba manfiestamente despierto. ¡La hormiga hablaba! ¡La hormiga me hablaba a mí!
     Tomé con cuidado el sombrero para no dañar a la hormiga, que  sin ningún temor me dijo:
     -Gracias gigantón.  Y continuó su camino a lo largo de la mesa.  
    -¡Alto, hormiga! -dije yo. Me despiertas, me hablas y ahora intentas marcharte como si aquí no hubiera pasado nada. Vamos a ver. ¿Tú puedes hablar?
   -Pues claro, gigantón. ¿Crees que somos tontas? Hablamos desde el mismo momento en que nacemos y no solo un idioma como vosotros. Nosotras hablamos todos los idiomas humanos y además el hormigo,  nuestra antena materna, perdón, nuestra lengua materna.
    -No me lo puedo creer, nunca lo he oído. 
  -Bueno, gigantón, -contestó la hormiga- el hecho de no oír algo no quiere decir que no exista. Nosotras hablamos, pero tenemos prohibido comunicarnos con vosotros, como medida de seguridad. ¡Sois tan simples y tan egocéntricos, que no lo soportaríais!
   - ¡Joder! ¡ joder!
    -Bueno, bueno, bueno...Podemos hablar en el registro que quieras, aunque preferiría uno menos ordinario.
    -Perdón, hormiga.
    -No me llames hormiga, a secas, me puedes llamar 1808, que es como me llaman mis amigos. Tú ya sé que te llamas Javi. Siempre Javi por aquí, Javi por allá y yo, dale que te pego, cargada como una burra e intentando esquivar la pisada de tus zapatones.
    Ahora tengo que dejarte, que llego tarde y,si encima se entera mi jefa de que estoy hablando contigo, me mandan a los  almacenes centrales.
     -¡Espera un momento! -grité yo. Dime, venga, dime. ¿Volveremos a vernos? 
     -Si -contestó lacónicamene mi nueva amiga.
     -¿Y a hablar?
     -Bueno... Vale. Cuando pase por aquí y te vea, te llamo.
     De esta forma comenzó mi relación con 1808,  mis conversaciones con 1808.

Continurá



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