martes, 23 de septiembre de 2014

Las vacaciones de 1808

  
   -¡Zapatones! ¡Oye! ¡Escucha!
   - Será posible, con lo grandes que son y los limitados que están. ¡Increíble! ¡Increíble!
   - ¡Zapatoneeeeeeeeeeees!
   - Pero hormiga - contesté al escuchar la voz de 1808.
   - Ya está bien, llevo media hora gritando y tú ni caso - refunfuñó 1808.
    - No te esperaba, pensaba que la chivata se había ido de la antena y estabas de nuevo castigada.
    - No. ¡A hormigón gracias!
    - Cuéntame, 1808, ¿cómo va la vida?
   - Pues ahora muy ajetreadas, se acerca el otoño y es el momento de recoger los alimentos más perecederos para que aguanten más  e ir cerrando los almacenes.
    - ¿Se sabe la fecha de cierre del hormiguero?
   - No - contestó 1808 -, todavía no se sabe nada pero ya es inminente; la tierra huele a agua y a nosotras ya nos tiemblan las piernas de tanto traer y llevar.
    - Cuando cerráis los hormigueros, ¿qué hacéis?, ¿hibernáis?
    - ¿Tú eres tonto, Zapatones? Somos hormigas, no osos. Nosotras nos vamos de vacaciones como vosotros. Os creéis el centro del universo y no llegáis a un punto de la circunferencia exterior.
       ¡Hombres! ¡hombres!
    - Entonces, ¿vais a la playa a bañaros?
    - Pues claro, que te crees. Lo único es que en vez de ir al mar, nosotras vamos a lagos interiores templaditos por el magma. Pero por lo demás hacemos lo mismo que vosotros, nos bañamos, paseamos por la orilla, tomamos el magma en top-less y de vez en cuando nos tomamos un jugo de cebada con o sin alcohol. ¿Qué te has creído, Zapatones?
Bueno zapa, te dejo que tengo que llevar esta miga de pastel que me he encontrado. No vemos.
     - ¡Escucha, 1808! No te encierres sin despedirte.
     - ¡Vale! Chao.
  

No hay comentarios:

Publicar un comentario