martes, 14 de octubre de 2014

El correo de 1808.

    Esta mañana he abierto el correo para ver si alguien se acordaba de mí, aunque solo fuera para venderme la Cibeles. Como casi siempre, nada de nada. Ya estaba a punto de recluirme en mi cuaderno de bitácora  cuando un breve  mensaje me anunciaba la llegada de un correo.
    Deslizo apresuradamente el ratón por la alfombrilla, hago un clic y veo que viene de la red hormibook y además envuelto en un pdf ¿De quién será? ¿Será de la CIA o de alguna de esas agencias que nos vigilan? 
   Sin encomendarme a Dios, ni al diablo, descargo el pdf  cual torero espera a porta gayola la salida del toro.
   ¡Ah! ¡Qué sorpresa! Es de 1808. ¡Jope! ¡Qué grande es!        Estaba seguro de  que recibiría noticias suyas. 1808 no es de esos que pasan de sus amigos.
   ¡Vale, vale! No os impacientéis, paso a leeros el mensaje. No os pongáis nerviosos que, al fin y al cabo, yo soy el verdadero destinatario del mensaje, aunque me guste compartirlo con vosotros.
    Querido Zapa. Te mando este mail desde la Ribera Hormiga. Como podrás imaginar, aquí estoy en la gloria. Ya no me acuerdo de los paseitos en busca de comida, ni de las subidas y bajadas por las estanterías del almacén central, ni de mi compañera chivata, ni de mi jefa latiguera.
   Aquí tan solo tengo que aguantar a mis tres hormiguitas que no paran en todo el día de reclamar mi atención. Que si un castillo de arena, que si un helado de trigo, que se aburren, que se ríen, que regañan..., no paran en todo el día. Eso sí, disfruto del resplandor de la lava, del agua calentita y de hacer de vez en cuando a uno de estos hormiguillos alguna aguadilla, por aquello de descargar adrenalina. jajaja.
  Espero que tú, Zapa, no estés pasando demasiado frío y la lluvia te permita pasear como acostumbras.  Espabila, que luego te embobas y no te enteras de la misa la media. 
    Te dejo, que estoy escuchando a mi mujer cómo me grita que los diablillos están subiéndose a unas raíces y se van a caer. ¡Dios! ¡Qué dura la vida del veraneante! ¡Hasta más ver Zapa!  
   Qué gran hormiga es 1808. Hoy me ha alegrado el día, espero que el sufrimiento  de la hormiga veraneante le dure lo más posible y que no se ponga más moreno.

      
     


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