Plaza-Escultura es obra de Gustavo Torner, se encuentra dentro del Museo al aire libre, en concreto en una pequeña terraza/mirador desde donde se disfruta de una bonita vista del resto del recinto.
El artista diseño como un conjunto unitario la pieza a exponer y el ámbito en el cual iba a estar situada.
Según él artista explica, esta idea de abarcar con su composición toda la parcela, se le ocurrió cuando recordó el texto de Borges sobre el emperador.
No obstante la obra tuvo modificaciones en su realización respecto a los materiales y algunos detalles que desvirtuaron en cierto modo la idea original del artista.
Consta de una plataforma construída en granito del Brasil muy pulido, que en un principio se concibió en toba volcánica -una piedra porosa que permite crecer la vegetación-, con un mecanismo para que se deslizase sobre ella una lámina de agua sin apenas movimiento, imitando el brillo de la escultura, sin embargo la instalación nunca ha llegado a funcionar como fuente. Sobre este pedestal van anclados cuatro elementos geométricos dispuestos de tal forma que, en palabras de su autor, "aluden a una esfera que no existe".
El color rojizo del cobre empleado en su elaboración, producía un fuerte contraste con los negros y marrones de la plataforma, pero hoy día este efecto se ha perdido por el oscurecimiento del metal.
Respecto al enlosado de la placita, tampoco estaba pensado en mármol, sino en un material más rústico -quizás en cemento- para que se mezclara todo el conjunto con el entorno natural. En 1993 el artista donó generosamente los bocetos de esta obra al Museo de Historia (Antiguo Museo Municipal de Madrid).
El artista diseño como un conjunto unitario la pieza a exponer y el ámbito en el cual iba a estar situada.
Según él artista explica, esta idea de abarcar con su composición toda la parcela, se le ocurrió cuando recordó el texto de Borges sobre el emperador.
No obstante la obra tuvo modificaciones en su realización respecto a los materiales y algunos detalles que desvirtuaron en cierto modo la idea original del artista.
Consta de una plataforma construída en granito del Brasil muy pulido, que en un principio se concibió en toba volcánica -una piedra porosa que permite crecer la vegetación-, con un mecanismo para que se deslizase sobre ella una lámina de agua sin apenas movimiento, imitando el brillo de la escultura, sin embargo la instalación nunca ha llegado a funcionar como fuente. Sobre este pedestal van anclados cuatro elementos geométricos dispuestos de tal forma que, en palabras de su autor, "aluden a una esfera que no existe".
El color rojizo del cobre empleado en su elaboración, producía un fuerte contraste con los negros y marrones de la plataforma, pero hoy día este efecto se ha perdido por el oscurecimiento del metal.
Respecto al enlosado de la placita, tampoco estaba pensado en mármol, sino en un material más rústico -quizás en cemento- para que se mezclara todo el conjunto con el entorno natural. En 1993 el artista donó generosamente los bocetos de esta obra al Museo de Historia (Antiguo Museo Municipal de Madrid).

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