Nació el 4 de agosto de 1681 en la calle del Oso del barrio de Lavapiés, en el seno de una familia humilde. Era hijo de Juan Félix de Ribera, carpintero natural de la villa de Gea de Albarracín (Teruel), y de Josefa Pérez, procedente de la villa madrileña de Torrejón de Velasco. Parece que fue discípulo de José de Churriguera y Teodoro Ardemans, arquitectos del máximo prestigio en ese momento.
Fue nombrado, entre los años 1718 y 1719, teniente del citado Ardemans, que era entonces maestro mayor de las obras y fuentes de Madrid, sucediéndolo en el cargo a su muerte. Dicha posición consagró su prestigio y le permitió ocupar un puesto relevante en la Corte, a pesar de la preferencia clara del rey Felipe V por el estilo de arquitectos extranjeros que trabajaban en Madrid en la década de 1720. Uno de sus más decididos protectores fue Francisco de Salcedo y Aguirre, marqués de Vadillo, corregidor de la Villa de Madrid, que le encargó numerosas e importantes obras.
Una constante en la obra de Pedro de Ribera es la presencia de un módulo de fachada que repite casi sin variaciones, formado por la fusión de la puerta y la balconada superior, habitualmente muy decorado todo ello.
Muchas de las mejoras urbanas que se desarrollaron en Madrid en el siglo xviii llevan la firma de este arquitecto, quien, gracias a la estima en que le tenía el corregidor de la capital, el marqués de Vadillo, realizó edificios públicos, palacios, fuentes, iglesias, puentes e incluso un proyecto para la construcción del nuevo Palacio Real, aunque finalmente el elegido fue el del italiano Filippo Juvara. Muchas de las obras de Ribera fueron destruidas o modificadas posteriormente, en especial durante el Neoclasicismo, cuando se atacó el estilo abigarrado del arquitecto por parte de eruditos como Antonio Ponz.
Murió el 19 de octubre de 1742 en Madrid, a los sesenta y un años, en su casa de la calle de Embajadores, cerca de su lugar de nacimiento y, por deseo propio, fue sepultado con el hábito de los monjes teatinos en la cercana iglesia de San Cayetano, que él mismo había proyectado.



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