Francisco Javier Bermejillo y su mujer, Julia Schmidtlein y García-Teruel hicieron un primer encargo para hacer una residencia en este barrio, unos de los más aristocráticos de finales del siglo XIX. El encargo se le hizo al arquitecto Reynals pero la forma en la que resolvió la decoración del edificio no debió satisfacer a la Marquesa y en Diciembre de 1913 se le encargaría al famoso arquitecto santanderino Eladio Laredo que retocaría y terminaría el diseño.
María Bauza y Ramón Rodriguez, las segundas persona en habitarlo completó las colecciones artísticas con cerámicas, tapices, esmaltes, vidrios, esculturas y pinturas sobresalientes. En la Guerra Civil se cedió el palacio a la República Checoslovaca, después estuvo una sociedad industrial y, en 1964, la Dirección General de Patrimonio Histórico. Esta última es la que se ha encargado de la restauración tan completa del edificio.
En 1983 la Institución del Defensor del Pueblo traslada su sede desde unas oficinas en la calle Alfonso XI al recién restaurado Palacio, de esta forma se evitó el probable derribo de un edificio.
Su llamativa fachada queda parcialmente oculta por el puente elevado que atraviesa el Paseo de la Castellana. Se ha roto así su perspectiva original, exenta en sus cuatro fachadas. La fachada principal, que da a la calle Eduardo Dato, tiene a los lados dos torreones con cubierta de teja a cuatro aguas, con un gran alero de madera. Hay una balaustrada entre las dos torres y por ellas se abren unas galerías.
La Dirección General de Patrimonio Histórico ha preservado los tesoros del palacio, y la obra rehabilitadora fue plenamente respetuosa con el primitivo proyecto de Laredo tanto en el exterior como en el interior del edificio.
Mención especial merece la biblioteca de madera que también se recuperó, que reunía libros raros y ediciones príncipe además de ejemplares miniados, en su mayoría de escritores franceses y flamencos, así como la chimenea de cerámica del siglo XIX situada en la actual biblioteca.
En fechas recientes (1998) se ha hecho otra reforma en el palacio, con bastantes dificultades técnicas para poder acondicionar el edificio dando accesibilidad a personas con movilidad reducida, se habilitó una entrada por el jardín libre de barreras arquitectónicas, para no alterar el acceso original de la calle Fortuny, desde donde, gracias a la adaptación del ascensor, es posible tener acceso a la totalidad del edificio. F
En definitiva, la restauración del Palacio Bermejillo, ha permitido la recuperación de un notable edificio que en la actualidad, es desde su inauguración, en diciembre de 1983, imagen y referencia de la protección de los derechos de los ciudadanos.
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