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viernes, 27 de octubre de 2017

Camino 2017 desde mi interior. 1ª Etapa.

Irún - San Sebastián-Donostia.
27,6 km.

 

  Son las cinco de la mañana, no puedo parar en la cama.  Vuelta para acá, vuelta para allá. Miro y remiro el móvil esperando que den las tan ansiadas seis. 
 Repaso mentalmente las etapas, subidas y bajadas, kilómetros y más kilómetros. Tendido en la cama, solo de imaginar, ya empiezo a cansarme. Me embarga la duda sobre si voy a poder llegar a Santander andando. No lo sé, tan solo deseo que la rodilla no se haga notar demasiado. 
  Entre unas cavilaciones y otras, el móvil empieza a retorcerse y a chillar sin compasión con los que le rodean. De un salto, apago al gritón y en un periquete estoy lavado, afeitado y presto para empezar la aventura, cuanto antes mejor.
  Mientras que los compañeros se preparan, exprimo los limones compulsivamente, este brebaje nos proporciona la energía necesaria para acometer la etapa y lo que se nos ponga por delante.
   A  las 7 ponemos los pies en la calle.  Ahí estamos los tres Ruiz´s, desayunados y dispuestos a comernos el Camino. Comienza la aventura.
   El aire fresco de la mañana me acaricia la cara suavemente, mientras que la humedad del mar me provoca un escalofrío de la coronilla a los dedos de los pies. ¿Mal augurio? Ya veremos.
   Dejamos enseguida atrás el puente sobre el Bidasoa y nos adentramos con paso decidido por las calles de Irún. Nos cruzamos con jóvenes que vuelven de fiesta y que nos miran como si fuéramos zombis, y con barrenderos que recogen la basura que han tirados los mozalbetes del botellón.  
   En un abrir y cerrar de ojos salimos del centro de Irún y empezamos a ver Hondarribia en el horizonte, a la derecha el aeropuerto. Caminamos rápido junto a la carretera, hasta que una flecha amarilla nos indica que giremos a la izquierda.  Abandonamos la dirección norte para tomar el  margen derecho del río.
   Las barcas atadas en la orilla se suceden, hasta alguna se adivina en el fondo, hundida. El verde y la humedad nos envuelven, las botan chorrean con la escarcha matinal y las huertas se suceden sin parar .
   El camino se va empinando poco a poco, sin darnos cuenta, hasta que al llegar al Santuario de Guadalupe estamos sin resuello. 
 Como suele pasar en todos los caminos, el santuario está cerrado y es una anciana, que regenta un puesto de refrescos, quien tiene que sellarnos la credencial. ¡Esto es el Camino! ¡Sí, señor! ¡Esto es la iglesia!
   Después de recuperar el aliento, continuamos nuestra subida.  Nos adentramos por sendas de montaña sin perder de vista Hondarribia y el mar, el mar y Hondarribia. Ahora son las nieblas las que nos ocultan el paisaje.   
   El tiempo es soleado con una brisa ligera que nos refresca de estos primeros sudores y, la verdad, se agradece su compañía.  
    Hoy es un día para ir midiendo las fuerzas y los ritmos, ya se sabe que en estos primeros días, podemos equivocarnos y gastar fuerzas al principio de las etapa que luego en los finales son necesarias.


  El camino es muy llevadero, voy cual perrillo tras de un palo, haciendo fotos, parando y arrancando, mientras los otros dos Ruiz´s caminan en animada conversación.
  Son las 9,30 y no tiene que estar muy lejos Pasai, llevamos casi tres horas andando y los 16 km  que hay desde Irún deben estar a punto de cumplirse. 
    El cuerpo pide ya reponer gasolina.  Con estos pensamientos e imaginando esas barras repletas de pinchos, el camino me sorprende con una bajada vertiginosa llena de escalones muy altos, las piernas empiezan a sufrir y las rodillas crujen cual cuadernas de barcos de madera. 
    Parece mentira, la tortura no acaba, el único alivio es que, poco a poco, van apareciendo tejados de casas colgadas del abismo. La proximidad de una población consuela.
   Por unas escaleras repletas de verdín que hacen muy resbaladiza la bajada, llegamos a una calle angosta y empedrada que, tras pasar por varios arcos, nos deja en una plaza repleta de bares. Estamos en la orilla de la ría. 
 ¡Pasaia! ¡Pasaia!

 ¡Dios! ¡Qué pinchos! El ansia viva puede con nosotros y cometemos un error de principiantes: nos sentamos, pensando que lo que nos resta es poco.   En  el Camino esas licencias se pagan. 


  Pasada más de media hora, sentados y bien comidos, volvemos al camino. 
    Las piernas protestan al pensar que ya se había acabado por hoy, pobrecillas, no saben lo que las espera.  
    Cruzamos la ría en una barquita junto a otros peregrinos, es la primera vez que, en los cinco caminos que llevo, utilizo este medio de transporte. No será la ultima en este camino del Norte.
   Al otro lado de la ría avanzamos en dirección al mar extasiados con el paisaje y la serenidad del ambiente. Desde aquí podemos ver el maldito camino que hemos bajado y como otros peregrinos sufren por esa intrincada senda.
    Cuando parece que vamos a tener que seguir andando sobre las aguas como un Moises cualquiera, la flecha amarilla nos señala un camino de subida con unos escalones hechos a propósito para ser subidos por el gato con botas.
     Si la bajada fue penosa, la subida es brutal. Deseas que cada recodo sea el último, pero no. Agazapados esperan una y otra ristra de escalones. Creo perder las piernas. Tras un recoveco, sin avisar, desaparecen.  
   El camino, entonces, se suaviza y, al ir bordeando la costa, nos animamos. Estamos esperanzados ante la inminente  aparición de Donosti.  


   Ya se sabe que el Camino es una caja de sorpresas. Súbitamente, la esperanza se convierte en ansiedad: una equivocación al elegir in camino, nos hace andar unos cuantos kilómetros más. Lo que en circunstancias normales no tendría importancia, en estos momentos me lleva a pensar seriamente en abandonar. A punto estoy de sentarme definitivamente al borde del camino. Con gran esfuerzo, me convenzo de que debo seguir y decido echar a andar. Camino como sonámbulo. ¿Una pájara? Seguro que sí. Ha sido muy fuerte. Nunca me había sentido tan mal, tan débil, tan desanimado.
    Por fin, una pronunciada cuesta nos entrega a Donosti. Buscamos desesperadamente donde beber algo, entramos en un bar y, sin mediar palabra, nos tomarnos dos cervezas seguidas.  Ya estaba al borde de la deshidratación. 
   Después, lentamente callejeamos en busca de la pensión y de una reparadora comida, preludio de una merecida y necesaria siesta. Caigo en la cama como un fardo de tierra, en el camino hacia el colchón ya estoy dormido. 
  Una hora después, despierto totalmente recuperado, incluso me creo capaz de recorrer una segunda etapa. 
  Salimos a la calle, el ambiente está muy animado. En una de las plazas hay una fiesta gallega. El sonido de las gaitas me  recuerdan la plaza del Obradoiro, que este año no vamos a visitar. 
   Para estirar un poco la piernas recorremos la playa de la Concha de punta a punta, despacio dejándonos arropar por la gente que pasea tranquila y despreocupada.
   Sobre la 8,30 ya estamos cenando. Para rematar la jornada y bajar la cena nos acercamos con pasos cansinos a la catedral.

   Tan solo resta preparar la mochila, la ropa del día siguiente y descansar. No han dado la 10:30 cuando pierdo la consciencia y entro en  estado vegetativo.


Fotografía: J Ruiz

domingo, 1 de octubre de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Previa


Una vez que la locomotora del tren ha comenzado a moverse, el Camino de los Ruiz 2017 se ha puesto en pie cual potro recién nacido.  Los primeros pasos han sido inseguros, algún que otro tropezón y requiebros para no perder el equilibrio. Adelante.


    El paso de ciudadano a peregrino ha sido inmediato, ipso facto. Ahora nos domina el deseo vehemente de empezar a ver flechas amarillas por todas partes. 
  No todo es positivo, faltaría más, también está presente la temida ansiedad, que acompaña al peregrino en todas las etapas, por llegar a destino lo antes posible y localizar el alojamiento para  reposar y preparar la jornada siguiente.
  Por la ventanillas desfilan paisajes y paisajes. El amarillo pajizo domina las estampas del viaje, pero poco a poco el panorama verdea y se va convirtiendo en un rotundo verde, que te quiero verde.  
  El transbordo en San Sebastian se hace eterno. Los minutos parecen horas, los apenas 25 km que nos separan de Irún  son como 200 km.
  Por fin llegamos a Irún,  principio de nuestro camino del 2017. Nos resulta fácil localizar el alojamiento, así que nos disponemos a comer. Nuestro hotel dista escasos 100 metros del puente que separa Francia de España. Ante nuestros ojos se asoma el inicio mítico del Camino del Norte. 
  Hasta la llegada de Cándido,  hermano mayor y caminante neófito,  nos dedicamos a pasear por Francia en un intento de sujetar  las piernas que ya huelen a Camino y no hay quien las detenga.
   Sobre las 5 ya estamos reunidos  los tres Ruiz´s: Cándido, Jose y Javi. Puede decirse que comienza nuestro Camino de verdad. ¡Que Dios reparta suerte!
   Nuestra primera tarea como peregrinos es conseguir una credencial para Cándido, así que nos acercamos al albergue de Irún. La caminata nos sirve para conocer un poco la ciudad, tantear el camino que tendremos que recorrer mañana y para estirar un poco las piernas entumecidas por las horas de tren. 
   ¡Ah! También compramos un bastón para Jose que, con las prisas, se lo dejó en Madrid.  La compra se ha hecho muy agradable y educativa porque el vendedor nos ha dado un curso sobre bastones, maquilas y varas de mando. Todo  un personaje el señor.
   La tarde discurre entre charlas y paseos,  observando casas, paisajes, escaparates y, sobre todo, a la gente, gente tan parecida y tan diferente.
   Por fin llega la hora de la cena y del tan necesario descanso. Hoy, día del estreno, observamos la primera de las liturgias de los caminantes: preparar todo lo necesario para la jornada con el objeto de salir lo antes posible a la mañana siguiente.  
   Mochila cargada, ropa en la silla, limones y exprime limones dispuestos, despertadores activos. A la cama.
    Los nervios del primer día no me permiten conciliar el sueño con facilidad y durante la noche me despierto varias veces ansiando que den las 6,30 para levantarnos y salir al Camino cuyas llamadas escucho en el silencio de la madrugada.  

  

  
  
  
  
 Fotografía_ J Ruiz

sábado, 23 de septiembre de 2017

Camino 2017 desde mi interior. El nacimiento


    El Camino es como la vida misma, da igual el apellido que tenga.
  Una vida paralela a la habitual en la que se dan todos los proceso en muy poquitos días.  
   Hasta ahora todos los post sobre este Camino han contado la gestación de un niño de nombre Camino de los Ruiz 2017.
    Allá  por octubre del 2016 se fundieron un espermatozoide y un óvulo para formar un embrión, un embrión Caminante. A partir de ahí, el proceso generativo através de la planificación, preparación, organización, motivación, agrupación, asociación e ilusión  ha sido imparable. 
    Hasta hoy. Hoy es el día.Por fin hemos roto aguas. El Camino de los Ruiz 2017  empuja para abrirse paso. Ya no hay quien lo pare, nunca mejor dicho. El parto, como todos los partos, es doloroso y a la vez feliz. Doloroso por dejar a la familia, a los amigos, las costumbres y todo eso que llaman los pedantes, la zona de confort. Feliz, porque es una opción voluntaria, porque es un reto que queremos realizar y también, por qué no, es una aventura y la vida, mi vida, a mis años tiene poco de eso, de aventura. 
   Hoy es 27 de mayo, ayer cumplí 59 años, son la 7,30 de la mañana y estamos una vez más, en el paritorio de   Chamartín, a punto de traspasar los controles de seguridad. 
  Nos despedimos precipitadamente, colgamos la mochila a la espalda, la maleta rodante en una mano y el bastón en la otra. 
    Ya no hay vuelta atrás, el Camino de los Ruiz 2017 ha nacido y, ya se sabe, que una vida solo termina con la muerte. La muerte en términos de Caminos es la vuelta a la vida normal. No sabemos  cómo y hasta cuándo se va a desarrollar esta vida del Camino de los Ruiz 2017.
     Esperemos que sea una vida gozosa, con pocas espinas, que, a buen seguro, las habrá. Deseamos que, al final, nos quede la satisfacción de haber disfrutado plenamente y con el gusanillo de volver a nacer, de hacer perpetuo el eterno retorno. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Equipaje.


              Equipaje


  Con el trayecto decidido, la preparación realizada, los compañeros dispuestos y un alto grado de motivación, tan solo queda preparar la mochila y comenzar el Camino.
   La preparación del equipaje es fundamental para, luego, durante la aventura, no tener que estar improvisando por esas veredas de Dios.
   En todo el camino llevaré la maleta que nos van a transportar y una mochila que portearé en cada etapa. 
   En la maleta guardaré los artículos que considero más necesarios, clasificados en los siguientes apartados: 
         Ropa
         Medicamentos
         Aseo personal
         Documentación
         Dispositivos electrónicos

     Ropa.

       - Ocho bolsas de plástico. En cada una de ellas.
           1 niqui, 1 calzoncillo, 1 un par de calcetines largos y unos cortos. En esa misma bolsa se guardará la ropa sucia al final del día. 
      - 2 pantalones desmontables, 1 jersey, 1 forro polar, 1 botas, 1 zapatillas deportivas, 2 pañuelos, 1 gorro para el sol y 1 para el agua.
     
       Medicamentos: 
         Anti-inflamatorios, tiritas, betadine, agua oxigenada,  anti-ampollas, pomada antibiótica, pomada anti-inflamatoria,  gel refrescante, alcohol de romero, vaselina para lo pies, pomada anti-roces, antiácidos.
     
  
      Aseo personal: 
       Utensilios de ducha, afeitado, desodorante, colonia, crema para el sol. 

      Documentación: 

       Guías de las etapas,  tarjetas, documentación, dinero etc...  

   Dispositivos electrónicos:

     Cámara de fotos, memorias, baterías, cables, móvil, tarjetas de memoria etc...  

   En la mochila llevaré lo que pienso puedo necesitar en medio del campo o en una situación de emergencia durante la etapa:


      Una bolsa con un niqui, unos calzoncillos y unos calcetines.

      Capa de agua, chubasquero, paraguas, gorros, guantes, bragas para el cuello y polainas.
      Navaja, cuerda, cámara, móvil, baterías,  memorias.
      Tiritas, Compic, analgésicos, pomadas, protector solar.
       Agua, frutos secos y caramelos.
       Dinero, tarjetas
       Guía de la etapa  

   Tan solo me queda hablaros de mi fiel compañero que hará conmigo todo el Camino: el bordón, vara, palo, bastón  o como le queramos llamar.  La verdad es que, al final, te haces tanto a su presencia que, terminado el camino, lo buscas por todos los lados.

   Este año voy a llevar un bastón que talló un monje del Monasterio de Samos, en pleno Camino francés. Espero que nos adaptemos pronto y terminemos el Camino con bien.   

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Compañeros

                           Compañeros Peregrinos


   Hasta la fecha los Caminos que he realizado han sido siempre al lado de algún Ruiz: el primero, con Juanki y los tres siguientes con Jose. 
  Este año, en mi quinto Camino, se ha ampliado el número de participantes. Hemos pasado de la pareja de caminantes hermanos, al trío de hermanos caminantes.  A José María y a un servidor se  ha unido Cándido, el mayor de los Ruiz. 
   No cabe duda de que el Camino va a ser diferente,  y no solo por el itinerario, la edad, las taras etc.,  sino porque poner de acuerdo a tres personas en cuanto a horarios de comienzo de las etapas, hoteles, itinerarios, ritmo de las etapas, comidas, descansos, desayunos, horas libres etc... No va a ser fácil. Con buena voluntad y cediendo de todos los lados, seguro que llegaremos a Santander con el objetivo cumplido.
    Se va a dar la circunstancia de que el Camino va a propiciar que después de más de cuarenta años, los tres Ruiz´s mayores,volvamos a vivir un montón de días juntos.
   La experiencia creo que va a ser positiva. Esos niños de antaño que jugaban al balón en el pasillo de casa, hacían experimentos con todo lo que pillaban por la cocina, se pintaban colores de guerra con una barra de carmín o hacían lumbres por los descampados del barrio de la Estrella, se van a volver a juntar para hacer el Camino de los Ruiz 2017. ¿Qué pasará?  
   Este Camino desde luego que va a ser muy nostálgico,  se van a recordar tantas vivencias, tantos personajes que han pasado por nuestras vidas, tantas situaciones y, sobre todo, a esos dos personajes fundamentales en nuestras vidas: nuestros padres. 
   Quizás no hablemos directamente de ellos porque. de hacerlo así,  se abrirían  heridas que nunca cierran, que dejan de sangrar, pero no cicatrizan. Por todo esto ya merece la pena intentar la aventura del Camino. 
   Ojalá que algún día lográramos hacer un Camino todos los Ruiz, cada uno de la forma que pueda, pero todos juntos durante unas semanas. No será fácil, creo más bien que será imposible, pero los Caminos, el Camino de los Ruiz está lleno de eso, de imposibles posibles.   

miércoles, 30 de agosto de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Planificación

                            Planificación




  En todos los caminos que he realizado hasta ahora he intentado llegar al inicio  con el camino ya terminado. 
   Sí, sí, terminado. Me explico.  Para mí llegar a la víspera de la salida con todos los recorridos sabidos, con las guías de las etapas confeccionadas, los alojamientos reservados y confirmados, los billetes de tren comprados,  los transportes de equipajes a punto, la información de interés cultural, gastronómico o geográfico sabida, el equipaje bien realizado y con las garantías mínimas de poder aguantar, física y mentalmente, el reto, supone tener realizado el camino.  
   Luego, tan solo hay que poner las piernas a funcionar y la mente a volar entre los árboles, a planear entre las nubes soñando en los imposibles, recordando los buenos momentos o llorando las ausencias.  
   La planificación del Camino de los Ruiz 2017 ha sido más intensa y trabajosa que otros años. Debido a las lesiones, al itinerario y a los participantes, ha habido que cuidar  los detalles al máximo. 
  Los alojamientos se reservaron en enero. Durante el resto de meses fue preciso hacer un seguimiento por si acaso surgía alguna oferta o algún  alojamiento mejor. 
  Hubo que contratar con tres transportistas de equipajes para que al final de cada etapa nos trasladara las maletas.
 Se realizaron trece guías de etapa para que sirvieran de información orientativa a los peregrinos.  Una de ellas, la etapa fantasma, fue diseñada especialmente para la ocasión, dado que se salía del  trazado habitual del Camino de Santiago.
  Este año también se ha ido publicando  un plan de preparación física y mental. Así como un a modo de decálogo con consejos para facilitar el camino a los peregrinos.
   Mientras se realizaban estas tareas se ha entrenado todo lo que se ha podido, una veces más y otras menos. Hemos tenido dos jornadas de preparación conjunta en Navaluenga, para calibrar el estado físico y que el nuevo peregrino se hiciera una idea de la naturaleza de la aventura que se disponía a emprender.
  En mayo se confirmaron todas las reservas, se imprimieron las guías y se sacaron los billetes de tren con destino a Irún.  El día 27 de mayo llegó sin darme cuenta y  con el Camino 2017 terminado, tan solo con la incertidumbre del estado físico y de cómo podrían responder nuestras piernas a doce duras etapas de unos veinticinco  km. diarios.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Trayecto.

                           Trayecto



  El Camino 2017 nació con un recorrido diferente al que al final se ha realizado.
 En principio,el objetivo era recorrer el tramo comprendido entre Saint Jean de Pied de Port y Burgos. 
  Un recorrido de más de 300 km. repartidos en doce etapas y con el acicate principal de atravesar los Pirineos a pie,  por la senda donde fue derrotado Roland. Pretendíamos pasear por los pueblos en los que discurrían las aventuras de Zalacaín. 
    Durante los primeros meses de preparación esa era la meta, y la verdad, me ilusionaba enfrentarme a la dificultad de los Pirineos, nada menos que el primer día de Camino. Ya se sabe que los inicios siempre cuestan y encontrarte con ese muro el primer día, supone que se debe comenzar en plena forma.
  Por otro lado, una etapa de alta montaña crea mucha incertidumbre, ya que puede entrañar unas dificultades climáticas añadidas, tales como lluvias, nieblas o, incluso, nieve. Todo esto puede originar que sobre la marcha se deban tomar decisiones sobre el recorrido más conveniente o incluso el partir la jornada en dos. En fin que el inicio  de este camino era una aventura en si mismo.
    Una escapada otoñal me llevó por los últimos tramos de este Camino proyectado. Tuve la ocasión de comprobar que desde Logroño hasta Burgos el terreno es muy plano y desprotegido, apenas sin vegetación. Me encontré con un Camino paralelo a las carreteras. No era esa mi idea. 
    La verdad es que el paisaje es bonito, la oferta cultural muy interesante, pero me faltó una pizca de dureza, algún que otro bosque y algo de mar. 
     Además, este año era especial: un nuevo peregrino recibía el bautismo jacobeo y había que hacerle los honores con un Camino enigmático, mágico y pleno de naturaleza en estado puro, de esos que no se olvidan jamás.
   A la vuelta del viaje de reconocimiento contacté con el resto de peregrinos y les informe de lo que había visto y de las alternativas que se nos planteaban.
   En primer lugar podíamos hacer el tramo planificado tal cual, en segundo lugar el Camino Norte entre Irún y Santander. Como tercera alternativa,pensé en recorrer el tramo inicial hasta Pamplona y aquí tomar un tren que nos trasladara a San Sebastián. Continuaríamos después  por el Camino Norte hasta Santander.
    De las tres opciones se decidió realizar la segunda y postergar el Camino inicial para otro momento. Fue una pena tener que olvidar los Pirineos, a Roland y a Zalacaín, pero yo no descarto hacerlo más adelante.
  Finalmente nos decidimos por cubrir el trayecto de Irún a Santander y añadir una etapa fantasma para compensar el abandono de los Pirineos. En total nos enfrentábamos a  320 km. en doce días, con mucho mar, mucha montaña, muchas cuestas y mucha belleza.    

viernes, 23 de junio de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Preparación

                            Preparación




   El camino, se llame como se llame y tenga el recorrido que tenga, comienza desde el mismo momento en que se decide acometerlo y termina cuando, ya en casa, consigues digerir  las experiencias, vivencias y sensaciones que han llegado a tus sentidos durante los días que has estado fuera.
      Los pasos que se dan previos a la marcha, ya sea en el terreno de lo puramente físico, de lo mental, e,incluso, de lo organizativo son parte de ese Camino.  El  objetivo es llegar a las últimas semanas en el mejor estado posible y  con las mínimas preocupaciones. Nada debe desviar la atención de lo verderamente importante: El Camino.
   Este año mi preparación física ha tenido muchos altibajos, causados por las pequeñas lesiones de las que os he hablado. Digamos que llegué a Irún bastante preocupado y presa de la incertidumbre. No estaba seguro de cómo iba a responder mi cuerpo ante las dificultades. Sin embargo, en el terreno mental, he de decir que estaba pletórico, muy motivado y con unas ganas enormes de comerme el Camino.  Ya se verá qué parte de mí ganó la partida y, por ende, cómo terminé la aventura. 

  La parte organizativa y burocrática ha sido un poco más complicada que otros años porque el grupo de caminantes se ha incrementado con un nuevo peregrino. Por otro lado la ruta elegida; el Camino Norte no cuenta con la infraestructura de otros itinerarios jacobeos como el Camino francés. 
    Por ejemplo, hemos tenido que utilizar los servicios de tres empresas diferentes para el transporte de equipajes. Esta circunstancia ha requerido una coordinación suplementaria para no encontrarse, al final de una etapa, con la desagradable sorpresa de estar sin ropa para asearse. 
   Otro tema importante es la preparación de las etapas, la distribución de los recorridos, la delimitación de las dificultades, la localización de puntos de interés, el establecimiento de las guías de viaje, etc. 
   Este año ha habido que añadir la tarea de informar e instruir al hermano mayor, al peregrino Cándido que recorría el Camino por primera vez. Había que evitarle sufrimientos innecesarios, allanarle lo más posible su camino.   
   Para ello, durante todo el año, he ido publicando en el blog un plan de preparación, consejos sobre indumentaria, calzado, medicinas, enseres necesarios...Incluso preparamos dos etapas de senderismo por Navaluenga con el objetivo de practicar sobre el terreno lo que sería, unos meses más tarde, una verdadera etapa de peregrinos.  
    Así, poco a poco, transcurrió el invierno y la primavera hasta llegar al día 27 de mayo, fecha en la que me encontré en Irún, corto de preparación, pero sobrado de moral y con los deberes hechos.  Solo restaba echar a andar y que Dios o la Naturaleza repartiera suerte.  

sábado, 17 de junio de 2017

Camino 2017 desde mi interior. Motivaciones

                                                    Motivaciones




   Mi Camino 2017 -todos los Caminos que he andado- han partido de un reto personal contra unos mismos elementos: el tiempo, la edad, la comodidad y el deterioro físico y mental.
   Así comenzó este, allá por el mes de octubre, y así continuó hasta el mes de enero, en que pasó a convertirse en algo especial. 
   Lo novedoso de este Camino 2017 radica en que un dolor de rodilla, en el momento más dulce de la preparación, me puso ante un escenario harto conocido, pero nunca deseado. 
   Todo las sospechas y miedos pasaron por delante de mi mente sin parar y sin querer. Las consultas a don Google se fueron repitiendo y el proyecto de Camino 2017 se tambaleó, pasó a segundo o tercer plano.
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  En esos momentos no me importaba mucho el Camino, tan solo mi salud y las personas que me rodean y me quieren, eran importantes. Al fin y al cabo, qué somos sin nuestra gente. 
   El miedo me atenazaba hasta apenas dejarme pensar con claridad, los paseos matutinos se convirtieron en espacios para analizar hipotéticas situaciones y guiones.
   En esta espiral de consulta médica en consulta medica se produjeron más y más incertidumbres. En ellas  he estado sumido durante dos meses. Tiempo este en que el color negro predominaba sobre el resto de tonos del arco cromático. 
  Finalmente, una mañana me pareció despertar de la pesadilla y decidí : "lo que tenga que ser, será". Consideré que lo que no se puede controlar hay que dejarlo volar y esperar a que se pose e indique la dirección en la que hay que remar.
    En ese preciso momento es cuando pensé que la vida hay que vivirla sin miedo. Dejé a un lado las incertidumbres, en espera de que se convirtieran en certidumbres o, incluso, en  malos sueños de verano.
  A partir de ese día, el Camino 2017 se convierte en mi reto vital. Hago un repaso de  todos los pros y los contras y los voy colocando en los platillos de la balanza.
   En un platillo, una necrosis en la rodilla derecha, un metatarso del  pie derecho caído, una calcificación importante  en el pie derecho, un esguince -casi crónico- en el mismo pie; sobrepeso, cincuenta y nueve años y miedo y preocupación.
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    En el otro platillo, unas ganas enormes de vivir,  de enfrentarme a la naturaleza por esos caminos de Dios, de estar en compañía del aire, del viento, de la lluvia, de los pájaros, entre el cielo y la tierra y sobre todo probarme a mí mismo que puedo. Un gran espíritu de sacrifico, la experiencia de otros caminos y un cierto control mental. 
     ¿Qué pesaba más?  No miré ni siquiera el fiel, me decidí a enfrentarme al reto sin más. Si tenía  que recoger velas, siempre sería en medio del mar y luchando por conseguir este reto. 
     Esta fue la motivación principal de mi Camino 2017. A ello  se le puede añadir: mi gusto por los viajes, los paisajes, la fotografía, el conocer la forma de vivir de otras personas...
     En resumen, mi Camino 2017 ha sido un reto vital.


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