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viernes, 23 de junio de 2023

Calles y plazas de Madrid. Paja

 

 La plaza de la Paja se encuentra en el centro histórico de Madrid, dentro del castizo barrio de La Latina. 

    Fue el gran mercado de Madrid durante los siglos XIII y XIV, y su auténtico centro neurálgico y ágora​. Entró en decadencia a partir del siglo XV, cuando el rey Juan II de Castilla ordenó construir la plaza del Arrabal (precedente de la plaza Mayor), a donde se desplazó la actividad comercial de la villa.

   Pese a ello, mantuvo su importancia como lugar de residencia de las principales familias nobiliarias de Madrid. En su entorno estaban situados diferentes palacios, como las casas palaciegas de los Laso de Castilla y de los marqueses de la Romana, entre otras, de los que sólo se conserva el palacio de los Vargas, apellido vinculado al patriciado urbano desde la conquista cristiana de la ciudad. El palacio, en la segunda mitad del S.XIX hubo un café, luego un teatro e imprenta. Además, desde uno de sus aposentos tenía su oficina la Caja de Imposiciones de Baldomera Larra, hija de Mariano José de Larra, desde la que fraguó una estafa piramidal de gran envergadura.​ 

 La plaza toma nombre de la obligación del vecindario de la villa de entregar paja a los capellanes y cabildo de la capilla del Obispo, para sus mulas.​

   Este recinto irregular e inclinado (pendiente provocada por el barranco del desaparecido arroyo de San Pedro por cuyo cauce pasa la calle de Segovia) está definido por tres conjuntos de interés histórico-artístico, tanto religiosos como civiles.

    La capilla del Obispo aparece adosada al complejo parroquial de la iglesia de San Andrés, aunque sin acceso directo al mismo. Fue construida entre 1520 y 1535, a instancias de la Casa de los Vargas, para albergar los restos mortales de San Isidro.

  Junto a la capilla, en el lado oriental del recinto, se alza el palacio de los Vargas, también del siglo XVI, pero cuya fachada fue transformada en el siglo XX, adoptándose una solución historicista y como prolongación de la capilla del Obispo, de forma que ambos conjuntos muestran idéntica fachada.    

Al norte de la plaza se conserva el jardín del Príncipe de Anglona, una de las escasas muestras de jardines nobiliarios del siglo XVIII de Madrid.​ 

   Al inicio del siglo XXI se urbanizó este espacio con un parque de tierra prensada con algunos árboles dispuestos en cuadrantes y delimitados por bordillos de granito, conjunto que permite salvar el desnivel del terreno. Pocos años antes se adornó la plazuela con una escultura de bronce, siguiendo la moda de figuras callejeras de tamaño natural, que representa a un hombre leyendo un periódico sentado en un banco de piedra adosado a la fachada del palacio de los Vargas.

sábado, 11 de marzo de 2023

Calle de Madrid. Paseo de Recoletos.

 

  El paseo de Recoletos es una avenida de apenas 700 metros que ascienden muy ligeramente, de sur a norte, desde la plaza de Cibeles a la plaza de Colón.​ Forma parte de los bulevares del eje central de la ciudad, que se prolonga al norte como paseo de la Castellana, y al sur como paseo del Prado.    

  Debe su nombre a un convento de frailes recoletos que había desde el siglo XVI en el lugar donde luego se construyeron la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico tras la desamortización de Mendizabal.

  Durante la dictadura franquista, recibió el nombre de paseo de José Calvo Sotelo,​ recuperando en 1981 el nombre de paseo de Recoletos, siendo alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. 

 El Paseo cuenta con una ancha mediana central peatonal, entre jardines, estatuas, fuentes y terrazas de establecimientos antiguos como el Café Gijón o más recientes como la Terraza Recoletos o el Café El Espejo.

   



lunes, 27 de febrero de 2023

Calles de Madrid. Tribulete


   La calle del Tribulete (también "Tribulete" o "de Tribulete") es una castiza vía en el barrio de Embajadores. Desciende desde la plaza de Lavapiés hasta la calle de Embajadores.​ Toma su antiguo nombre del juego de bolos así llamado, que se celebraba al aire libre en un solar vecino.

   Daba a esta calle el costado sur del colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, en cuyo recinto estuvo el jardín y el camposanto del antiguo Hospital de la Corona de Aragón, donde fue enterrado Guillén de Castro.​  El cronista Mesonero Romanos, en sus Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas... de Madrid, describe con ojo de minucioso etnógrafo la variedad de manolos, manolas y todo el filón de casticismo del tradicional pueblo de Madrid que constituyen la habitual vecindad de estos "barrios bajos de la villa".   

   La calle del Tribulete fue acceso principal a uno de los dos edificios que forman el conjunto arquitectónico de La Corrala, junto con la otra vivienda de balcón de corredera en patio interior que tenía entrada por la calle del Sombrerete; conjunto que, tras el derribo del edificio que cerraba la manzana, se muestra al paseante y turista curiosos desde la calle de Mesón de Paredes, Esta corrala fue declarada monumento nacional en 1977,​ pasando luego al catálogo de Bienes inmuebles de interés cultural.​ Fue adquirida por el Ayuntamiento de Madrid en 1985.​

viernes, 10 de febrero de 2023

Calles de Madrid. Abades

En el barrio de Lavapiés, cerca de Cascorro, hay una calle corta llamada de los Abades. El airoso azulejo de Ruiz de Luna nos aclara que Abad es el apellido de dos hermanos, los hidalgos Rodrigo y García, junto a cuyos nombres vemos dos bastones de mando en aspa. La calle aparece ya con esta denominación en el  plano de Texeira del 1656.

 Ambos hermanos, acaudalados y piadosos, fueron regidores de la Villa y tenían su opulenta morada, provista de jardín y huerta, en ese lugar, tan distinto hoy en día, con sus callejuelas asimétricas propias del trazado mudéjar. Rodrigo y García, cuentan las fuentes, eran generosos en extremo y socorrían copiosamente a los indigentes que vivían por el arrabal cercano.

En una ocasión, como les llegó la noticia de que el caballero don Diego de Vera tenía la intención de erigir en los aledaños de su mansión un oratorio para el culto de los vecinos, se apresuraron, solícitos, a colaborar con una buena aportación. La obra fue concluida en 1612. Tres décadas más tarde, el padre Plácido Mirto fundó allí un convento de la Orden de Clérigos Regulares, conocida popularmente como teatinos por derivación de Teate, nombre latino de la ciudad de donde era obispo uno de los colaboradores de san Cayetano de Thiene, cofundador de la orden, de quien toma la advocación la iglesia.

De aquel conjunto conventual, ha llegado hasta nosotros solo una parte: la iglesia de San Cayetano de la calle de Embajadores.

Fue Pedro de Ribera quien continuó en 1722 las obras que estaban a cargo de José Benito Churriguera. A ellos se debe la fachada en granito, con pilastras, hornacinas para las imágenes, ventanas y óculo.

En esta iglesia tan castiza y popular, llamada desde el XIX de San Millán y San Cayetano, está la tumba de Ribera, uno de los arquitectos más representativos del último barroco madrileño.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Calles de Madrid. El pasadizo de San Ginés.

El pasadizo de San Ginés comienza en la calle del Arenal y termina en la plazuela con el nombre de ese santo, coincidiendo toda su fachada del lado derecho con el lateral de la iglesia de San Ginés de Arlés (s. XVII). 

Pasadizo, de apenas sesenta metros de longitud y poca anchura, debido a eso siempre fue peatonal. A pesar de sus pequeñas dimensiones esta cargado de sucesos y acontecimientos.

La mayor curiosidad de este pasadizo radica en  el arco que se encuentra adosado al muro del templo y a la casa número 5. Según Pedro de Répide Gallegos (1882-1948) hubo allí un túmulo funerario que servía a la iglesia para los aniversarios y exequias. 

También en este pasadizo estuvieron los telares y la primera prensa calandria de Madrid en la fábrica de holandillas, allá por la primera década del siglo XVIII. 

El más antiguo de los establecimientos que aún existe en este pasadizo se sitúa en su número 2 y es la hoy llamada Librería San Ginés. Adosada al muro de la iglesia y haciendo esquina con la calle del Arenal, hay noticias de este “puesto de libros” en la prensa del año 1805, aunque con toda probabilidad es anterior. Siempre fue y hoy continúa siendo una librería de lance. 

Conocemos por los periódicos que el Ayuntamiento de Madrid en el año 1899 concedió licencia a Francisco Irawedra para el puesto de libros de San Ginés. Más tarde, en el año 1922, el propietario de la librería ya era Antonio Sánchez y doce años después el mismo negocio pasa a llamarse Librería Rubiños. Pero ahí sigue con sus anaqueles de madera y tejadillo, resguardados por persianas, y su caseta-despacho para que el librero no pase frío en invierno. 

El sábado 30 de septiembre de 1871 se inaugura el Salón Eslava, en el número 3. El edificio, propiedad de Bonifacio Eslava y diseñado por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos, fue inicialmente una sala para conciertos. 

En la parte baja del teatro y también con entrada por el pasadizo, estuvo el café de Granada, celebre por ser citado en “El tango de la Menegilda” de la zarzuela “La Gran Vía”, estrenada en el año 1886. 

En el año 1881 el negocio se remodeló convirtiéndose en Teatro Circo Eslava, desapareciendo el café de Granada para anexionar su espacio a la sala de espectáculos. 

Otro de los establecimientos que más importancia tuvo en el pasadizo de San Ginés fue el instalado en el año 1884 por Lázaro López, que vino a abrir una sucursal de su bodegón “Le petit Fornos” situado en la calle de Capellanes, número 1 (hoy calle del Maestro Victoria). 

Lázaro, industrial hostelero, se marchó a París en el año 1884 para estudiar repostería y cocina en el Grand Hotel, nada más inaugurar su nuevo negocio del pasadizo de San Ginés, número 5. El local se convertiría, a su retorno, en un restaurante de menús muy variados inaugurando un comedor para sesenta cubiertos en el piso principal de la finca. 

En el año 1888 el restaurant se amplió con la Fonda de Lázaro López, que se hizo muy popular y en la que el viajero puede comer a la hora que tenga por quisiera. 

El día 28 de junio de 1903, a las 4 de la tarde, Lázaro López aparece muerto en una habitación del primer piso de su fonda, donde vivía. Víctima de una grave enfermedad detectada pocos meses antes de su muerte, el hostelero fue encontrado muerto sentado sobre una mecedora y con un revolver en el suelo.  

El último de los antiguos negocios que hoy prosperan es la famosa chocolatería. 

La chocolatería San Ginés abrió al público en el año 1894 como churrería (buñuelos, churros y porras que entonces se realizaban de forma manual). 

Tuvo el apodo de “El Maxim’s golfo” durante los años veinte del siglo pasado, según el periodista Cesar González-Ruano, porque al cerrar todos los cafés de la Puerta del Sol era el único establecimiento abierto donde poder tomar algo caliente y recién hecho. 

Durante la II República se llamó “La Escondida”, por su ubicación en el recóndito pasadizo y poco a poco fue ocupando lo que antaño era el bodegón de Lázaro López. 

Hoy es, tal vez, la chocolatería más antigua de Madrid. 

lunes, 5 de diciembre de 2022

Calles de Madrid. Biombo

 

 La calle del Biombo discurre de este a oeste desde su ensanche en la plaza del Biombo hasta la calle del Factor, a espaldas de la calle Mayor y rodeando el templo de San Nicolás citado ya en el Fuero de Madrid de 1202.

  Aparece en los planos de Texeira (1656) y Espinosa (1769), formando una encrucijada irregular con el desaparecido callejón y la travesía de su mismo nombre; el quebrado conjunto ponía en comunicación la calle de Luzón (antes de San Salvador) con la de San Nicolás antes de que se le diera salida a la calle de Calderón de la Barca,​ y tras el derribo del convento de Constantinopla con la desamortización de Mendizábal en 1836.​ Algunos cronistas mencionan que el curioso nombre de esta encrucijada urbana pudo dárselo el trazado original del muro o paredón que tenía dicho convento en su parte trasera. Répide cuenta que ya antes del inicio del siglo xx tuvieron acomodo en la plazuela del Biombo las oficinas y administración del Calendario zaragozano, famoso por sus pronósticos del tiempo para todo el año.​

  El decano de los cronistas de Madrid, Ramón de Mesonero Romanos, retrata así esta calle en su manual de 1861 El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa:

El Biombo: Entre dichas calles de San Nicolás y la de Luzón, y á las accesorias del demolido convento de Constantinopla, se formaban unos recodos y callejuelas estrambóticas, propiamente apellidadas el Biombo, que se han regularizado en parte con el derribo de dicho convento, en cuyo solar, además de las casas construidas recientemente, se han abierto las calles tituladas, también a propuesta nuestra, de Calderón de la Barca y de Juan de Herrera.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Calles de Madrid. Montera


  La calle de la Montera está situada entre la Puerta del Sol  y la llamada Red de San Luis. Se trata de una calle que sube en cuesta, siendo su parte inferior la que desemboca en la Puerta del Sol. 

   En el siglo xv, cuando junto a la Puerta del Sol se formaba el arrabal de San Ginés, una de las salidas de la muralla daba a los olivares de los Caños de Alcalá,​ en los que la leyenda cuenta que bebió Sancho IV antes de entrar a Madrid, cuando al montar en el caballo se le cayó la montera y nadie del cortejo lo advirtió; el legendario relato asegura que la pérdida de la montera enojó mucho al rey, hasta el punto de que el hecho sería grabado en dos piedras a ambos lados del camino, en una decía Al pasar esta vereda el Rey perdió la montera y en la otra Como Don Sancho era bravo, caminó con grande enfado.

   Otra versión dice que se debe a la mujer de un hombre de Montero de Espinosa que tenía por mote ‘la Montera’, y que cuya belleza producía desórdenes públicos en sus paseos por la villa. Así aparece rotulada en el plano de Texeira de 1658, pero solo en el tramo entre la Puerta del Sol y la calle San Alberto, siendo el resto la Red de San Luis. 

 A finales del siglo xvii se construyó en ella la iglesia de San Luis Obispo,​ que sin embargo fue incendiada en marzo de 1936, durante la Segunda República española​, y quedó destruida, siendo demolida en 1943.​

   En el siglo xviii fue una calle de lujo por la cual los personajes más elegantes de la ciudad se paseaban. A finales del siglo xix es testigo de las obras de ensanche de la Puerta del Sol. En el año 1910 sufre algunos de los derribos consecuentes de la construcción de la Gran Vía, y al poco se ve abierta para excavar el que sería el primer tramo del Metro de Madrid . En 1920 el escritor Valle Inclán fija una escena de su obra Luces de Bohemia en la calle Montera, lugar donde se encuentra la "taberna Pica Lagartos".​ 

lunes, 14 de noviembre de 2022

Edificio de seguros la Estrella

   

     Este edificio levantado sobre un solar del primer tramo de la Gran Vía fue  realizado por el arquitecto Jerónimo Pedro Mathet Rodríguez. Pertenece a la compañía de Seguros la Estrella con sede en Madrid desde 1904.  Son tres los edificios de Seguros La Estrella que hay en la Gran Vía, siendo éste el último construido entre 1916 y 1921, y que tras varios contratiempos fue  inaugurado el 10 de octubre      de        1921. 
   Parte de su solar había sido en otros tiempos el Palacio de Masserano, embajador de Carlos III en Londres y París, y el  lugar donde pasará su infancia Víctor Hugo en tiempos de  José I Bonaparte. El mismo edificio también fue la sede durante mucho tiempo del Heraldo de Madrid, desde que se fundó. Más adelante acogió un teatro pequeño para aficionados que estuvo allí hasta que se derribó para poder construir la Gran Vía.

   El edificio de Seguros se construyó para utilizarlo como uso mixto, los primeros pisos oficinas y las restantes viviendas, se ha ido remodelando dependiendo de las necesidades en cada época. 

   Sus fachadas exteriores son de estilo ecléptico con tres cuerpos horizontales y tres verticales, entre los que destaca el central con triple mirador, sobre él un nicho con una escultura alegórica, obra de Miguel y Luciano Oslé. Parecen figuras mitológicas de Pandora (portando la caja que abrió y de la que salieron todos los males del mundo, quedando sólo la esperanza), a los lados Vulcano-Hefestos con su particular birrete y Venus-Afrodita con un camisón.

   La cúpula central que remataba la fachada se demolió en 1953, habiendo sido eliminada gran parte de la decoración de los torreones laterales sin que hasta el momento, nadie se haya planteado de nuevo su construcción. Sin embargo no sufrió ningún desperfecto la fachada trasera de la calle Reina.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Calles de Madrid. Ribera de Curtidores

La Ribera de Curtidores, antes calle de las Tenerías, es conocida por ser la vía principal del Rastro, el más famoso mercado al aire libre de la capital de España.​ Desciende desde la plaza de Cascorro hasta el paseo de las Acacias. Su topónimo proviene de las curtiembres, también llamadas curtiderías o tenerías, que se instalaron en todo su recorrido, aprovechando la cercanía de diferentes mataderos. 

Hasta finales del siglo XV el antiguo gremio de curtidores estuvo ubicado en los Caños del Peral, en la actual plaza de Isabel II. En 1495 los Reyes Católicos promovieron su traslado tanto a la Ribera de Curtidores como a la Cuesta de san Lázaro, situada, esta última, en las proximidades de la Cuesta de la Vega.

La Ribera de Curtidores corre casi paralela a la calle de Toledo, desde donde entraba el ganado a través la puerta homónima con destino a los mataderos. El sacrificio de los animales generaba como subproducto una gran cantidad de pieles, que se transformaban en cuero mediante el curtido de las mismas.

La calle aparece citada en el año 1635 con el nombre de las Tenerías, establecimientos dedicados a la fabricación y comercialización del cuero, que estuvieron funcionando en la zona hasta comienzos del siglo XX. Además de este gremio, hubo otros muchos que optaron por asentarse en el entorno de la Ribera de Curtidores, tales como ropavejeros, fabricantes de zapatos y, desde el siglo XIX, anticuarios y almonedas, que se encuentran en el origen del mercado del Rastro.

En las primeras décadas del siglo XX, la vía fue objeto de importantes reformas urbanísticas. La desaparición del llamado Tapón del Rastro, una manzana de edificios existente en su parte más alta, facilitó su conexión directa con la Plaza de Cascorro, por entonces llamada de Nicolás Salmerón.​ Posteriormente fueron expropiados los bazares de las Américas del Rastro, que habían surgido a finales del siglo XIX en la parte baja, lo que abrió la calle a la Ronda de Toledo e hizo posible su prolongación hasta el Paseo de las Acacias.

Entre los edificios de mayor interés de la calle, hay que destacar la Escuela Mayor de Danza (1932-35), de estilo neobarroco, una obra del arquitecto Francisco Javier Ferrero, así como las Galerías Piquer (1950), proyectadas por José de Azpiroz y Azpiroz.

La calle es escenario de algunas zarzuelas del siglo XIX, caso de Agua, azucarillos y aguardiente (libreto de Miguel Ramos Carrión y música de Federico Chueca).

jueves, 6 de octubre de 2022

Calles de Madrid. Jacometrezo

   

La calle de Jacometrezo une la plaza del Callao con la plaza de Santo Domingo. Lleva el nombre del escultor, tallista y orfebre italiano Jacome da Trezzo, que trabajó para Carlos V y Felipe II.

    En el plano de Teixeira de 1656 aparece rotulada como «Postigo de San Martín», y con el actual en el plano de Espinosa (1769).​ En su origen fue una castiza vía entre la calle de la Montera y la de Tudescos, recorrido que tras la construcción de la Gran Vía quedó reducido a su último tramo.​ En el trazado desaparecido, a la altura de la actual Casa Matesanz, tuvo su casa –al parecer obra de Juan de Herrera– el propio Jacome da Trezzo por el que luego se renombraría así la calle.   

Originalmente escrita como calle de Jacome Trezzo, a partir de mediados del siglo xix, se tituló uniendo nombre y apellido.​ Ramón de Mesonero Romanos, en El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa (1861), presentaba esta calle como «una de las más pasageras, estrechas y peor cortadas de Madrid».​ Por su parte, Corpus Barga, que vivió su infancia en la vecina calle de Trujillos, recordaba la de Jacometrezo al filo del inicio del siglo xx confundida por muchos madrileños con la aneja del Caballero de Gracia, por estar ambas calles dedicadas a súbditos italianos renacentistas. Para Barga, agudo memorialista, no cabía confusión, la de Jacobo de Grattis era vía de señoritas que se educaban «a la francesa» en el convento del Sagrado Corazón y señoras que visitaban el Oratorio del «pecador arrepentido»,​ en tanto que la del artista Jacome era la «típica calle de un barrio madrileño con lechería de establo, tienda de comestibles secos y viejos, cacharrería, un encuadernador o dorador u otro artesano por el estilo y algún caserón con honores de palacio». Un cuarto de siglo después, el cronista Pedro de Répide la describía como calle «de sórdido aspecto..., con sus librerías de viejo, sus tiendas de objetos de desecho, algún que otro establecimiento misterioso y sus casas con toda suerte de pupilaje».​    

La prensa de la época incluye esquelas publicitarias de establecimientos como los Almacenes Sainz de vinos Velilla, en el número 45; la primera factoría de cervezas de la marca Mahou, en el número 17; la Taberna del Águila, al inicio de la calle; la Fonda de Genieys,​ que antes había estado en la calle de la Reina;​ y en el número 10 de esta calle, también se encontraba el primer horno de pastelería de Garín, que luego se convertiría en la empresa de repostería La Mallorquina en la Puerta del Sol desde 1894.

jueves, 14 de julio de 2022

Calle de Mira el Río. Madrid

La calle de Mira el Río, en realidad son dos vías perpendiculares, Mira el Río Alta y Mira el Río Baja, ubicadas en el Madrid de los Austrias. La Alta corre desde la calle Carlos Arniches hasta el inicio de la Arganzuela, por debajo de La Fuentecilla de la calle de Toledo. Y Mira el Río Baja sale de la Alta bajando hasta la castiza plaza del Campillo del Mundo Nuevo, en la Ronda de Toledo.​ Quedan dentro del radio de actividad del Rastro de Madrid, con viejas almonedas y tiendas de anticuarios.

La leyenda sitúa el origen del nombre de estas dos calles hermanas en la crecida que trajo el río Manzanares a raíz de las lluvias torrenciales y constantes que cayeron desde el 29 de octubre de 1439 hasta el 20 de enero de 1440. Los vecinos de Madrid, asomados al Peñón que coronaba esta parte de los extramuros de la ciudad medieval, gritaban "¡Mira el río, mira el río!".​ Aunque es más probable que la denominación les viniera de su situación "mirando hacia el río", cuando se urbanizaron esos parajes. Lo cierto es que ya antes de que Mira el Río Baja existiera como tal, se la llamaba la calle de las Pulgas; del mismo modo que a la Alta se la conoció durante un tiempo como calle de Juan García Pasarón, por referencia al sacristán de la parroquia de San Justo, Juan García Pastor, que fundó en esta calle una escuela a la que bautizó con su propio nombre. En el plano de Espinosa de 1769, aparece como Pasarón —quizá por error gráfico. Hilario Peñasco y Carlos Cambronero a pesar de sus diligentes investigaciones nada aportan sobre la variación en el apellido del sacristán, pero sí especularon con la posibilidad de que el nombre de la calle fuese fruto de algún corrimiento de tierras producido por las lluvias torrenciales que, al desplazar el referido Peñón, dejó a la vista una panorámica del río Manzanares .

Ambas calles le dieron juego a Benito Pérez Galdós para situar acciones y personajes de sus novelas madrileñas. Uno de los pasajes que describen Mira el Río Baja puede leerse en el primer libro de Fortunata y Jacinta:​

"Echose mi hombre a la calle, y tiró por la de Mira el Río baja, cuya cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no ir rodando de cabeza por aquellos pedernales. Ido la bajó,nota 2​ casi como la bajan los chiquillos, de un aliento, y una vez en la explanada que llaman el Mundo Nuevo, su espíritu se espació, como pájaro lanzado a los aires. (...) Por eso el campo del Mundo Nuevo, que es el sitio más desamparado y más feo del globo terráqueo, le pareció una bonita plaza. Salió a la Ronda y echó miradas de artista a una parte y otra. Allí la puerta de Toledo ¡qué soberbia arquitectura! A la otra parte la fábrica del gas... ¡oh prodigios de la industria!... Luego el cielo espléndido y aquellos lejos de Carabanchel, perdiéndose en la inmensidad, con remedos y aun con murmullos de Océano... ¡sublimidades de la Naturaleza!..."

Benito Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta (libro I, primera parte, cap. IX.4 )

lunes, 4 de julio de 2022

Calle Rompelanzas. Madrid

   

  La calle de Rompelanzas, considerada la más corta del casco histórico de la capital de Madrid. Une la calle del Carmen con la de Preciados. Nacida como atajo para caballerías, sus muchos y profundos baches hicieron que algunos pesados carruajes rompieran allí sus lanzas (la lanza, vara, viga o barra es una pieza larga movible que saliendo de debajo de la caja queda entre los caballos como un mástil tendido o un eje),​ y tomase de ahí su denominación popular. 

  Ramón de Mesonero Romanos, en su Manual de Madrid. Descripción de la Corte y Villa (publicado en 1831), supone que se abrió esta vía para facilitar el acceso al nuevo convento del Carmen, fundado en 1575 en la camino que con el tiempo tomaría también su nombre. 
 También recoge Répide que el origen del nombre de esta breve travesía, apenas un pasaje entre dos de las vías con más tradición comercial entre la Puerta del Sol y la Gran Vía, fue el accidente que sufrió el carruaje del corregidor Luis Gaytán de Ayala y poco después el del presidente del Consejo de Indias, Juan de Ovando, por culpa de los socavones que debía tener en el siglo XVI. Peatonal desde el último cuarto del siglo XX, ya estaba cerrada al tráfico rodado a comienzos de dicho siglo.

lunes, 20 de junio de 2022

Calle de la Ruda - Madrid

   

La calle de la Ruda está situada en el barrio de La Latina, no siempre ha sido el lugar que es hoy en día. 

   El nombre a la calle le viene de la planta arbustiva así llamada, la Ruta Graveolens, que vale tanto como ornamental de jardín como hierba medicinal o como condimento. Hasta ella llegaban las tapias del huerto del cercano convento de la Latina y precisamente, en la parte de la calle se situaba un considerable plantel de Ruda. 

Estratégicamente situada entre el nacimiento del Rastro y el Mercado de la Cebada, fue el lugar elegido para vivir por mercaderes y comerciantes. A la vez albergó un mercado al aire libre desde finales del siglo XIX. 

   La Ruda era durante casi toda la mañana un mercado bullanguero, animado, lleno de gente que se daba codazos y de banastas en el suelo o en tablones, tanto en las aceras como en el centro de la calle, con sus vendedoras pregonando la bondad de sus productos a voz en grito.

   Dada la actividad que se desarrollaba, su caracteristica principal  era la falta de limpieza. Lo normal era que cuando se hablaba de la calle se la tratara de muladar, zoco africano, foco de infección, etc. 

  La fama de la calle de la Ruda era pésima. Allí se vendían alimentos en mal estado a unos precios muy bajos. Aun así mucha gente los compraba porque era su única oportunidad de echar algo al puchero. 

Esta situación levantaba protestas que pedían soluciones o la supresión de la venta callejera, pero a pesar de ello el mercado siguió funcionando hasta 1936.

   Políticamente fue una calle comprometida con los movimientos de izquierda y republicanos, así en el número 21 hubo un Centro Republicano y un Centro de Instrucción de Obreros muy dinámico, que incluso llegó a dar mítines feministas, dentro de otras muchas actividades divulgativas y formativas.

  Son famosas por diferentes circunstancias las verduleras de la Ruda, mujeres curtidas por una vida en absoluto plácida y por un trabajo duro en el que era obligado pelear constantemente. Pelear con sus vecinas de puesto, con las vendedoras del mercado de la Cebada, con las clientas, con los guardias…. Muchas veces eran el sustento básico familiar, el único sueldo que entraba en la casa.   

Los motines de las verduleras eran temidos y temibles, tanto por el asunto en si como por las protagonistas que no se achantaban lo más mínimo cuando la cosa se ponía fea, y eran capaces de enfrentarse a cualquier cosa que se les pusiese delante con una fiereza que imponía.

  El motín de julio de 1892 fue, probablemente, el de mayor envergadura. El origen está en el fuerte incremento del impuesto sobre la venta de verduras que había establecido el alcalde conservador Alberto Bosch. Se llegó a subir de unos 15 céntimos por término medio por banasta hasta los cincuenta céntimos.

   La presencia de la policía en la calle era constante, donde los robos con violencia y las peleas estaban a la orden del día. Solo entre 1849 y 1935 los agentes tuvieron que hacer acto de presencia en esta calle por delitos mayores al menos en 80 ocasiones. Las riñas y peleas entre los comerciantes eran tan comunes que a menudo transcurrían sin que la policía hiciera acto de presencia.

viernes, 3 de junio de 2022

Calle de Postas de Madrid

   

   La calle de Postas, Postas o de las Postas es una calle del barrio de Sol de Madrid. Discurre desde la calle de Esparteros, casi en su nacimiento en la calle Mayor, hasta la calle Zaragoza, junto a la plaza Mayor. Debe su nombre a que en la antigüedad fue el tradicional punto de reunión y partida de las sillas de postas que salían de la Corte hacia diferentes puntos de la Península,​ por encontrarse aquí la primitiva Casa de postas en el siglo XVI.​ Para los galdosistas es una de las calles emblemáticas del Madrid que Galdós universalizó en sus Novelas españolas contemporáneas.

   Su pasado inmobiliario se documenta en 1620 con un permiso de obras para 'ensanchar la calle'.​ El ilustrado Eugenio Larruga, en sus Memorias políticas y económicas sitúa en esta calle el gremio de mercería, especiería y droguería, que se extendía también por las contiguas (de la Sal, de la Cruz, calle Imperial y calle de Boteros), llegando hasta la calle de Atocha, frente a la antigua iglesia de Santo Tomás.​   

 En el número 31 (32 nuevo) estuvo la Casa de Postas, que tenía en su pórtico el cuadro —legendario en milagros y caprichos— de una imagen de la Virgen de la Soledad, que según cuenta Mesonero Romanos antes había estado en la plaza Mayor; completa la información Pedro de Répide diciendo que la acabó comprando en 1857, y ante notario, el cervantista y gastrónomo español conocido como Doctor Thebussem.​ Otro milagro que tuvo como fondo esta calle fue la iluminación paulina que sufrió el caballero Bernardino de Obregón tras abofetear a un humilde barrendero que cayó de rodillas a sus pies agradecido y conmovido por haberle castigado la afrenta de salpicarle con las basuras que movía.​

   En el número 17, esquina a la calle Marqués Viudo de Pontejos, esta la castiza Posada del Peine,​ uno de los más antiguos ejemplos de azulejería policroma en Madrid. El hotel que alberga, totalmente remozado en su interior, es heredero de una larga tradición que se remonta al año 1610, y de la reunión de tres inmuebles a lo largo de los siglos.​ El conjunto se corresponde con los proyectos de Antonio de Cachavera y Lángara (1857-1858), y conserva restaurada la fachada de 1891-1892. Queda noticia de que en ella se hospedaron personajes tan singulares y distintos como Casta Esteban, viuda de Gustavo Adolfo Bécquer, o el pintor José Gutiérrez Solana. La posada protagonizó también el discurso de ingreso en la Academia de la Lengua del nobel Camilo José Cela.​ 

El cronista Mesonero también habla y describe con ojo costumbrista el ambiente que tenía mediado el siglo XIX esta calle de Postas, en la que

...apenas hay un solo portal ni un palmo de terreno que no esté destinado a aparador de telas y mercancías, ofrece, bajo más de un concepto, grande analogía y puntos de comparación con el Zacatín de Granada, la calle Llana de Toledo, la Rua de Salamanca, la de Orales de Valladolid, la de Escudellers de Barcelona, la de la Sierpe en Sevilla, y la de Juan de Andas en Cádiz.​

   Aun en el inicio del siglo XXI perviven comercios más o menos añejos como la "Joyería y Relojería Santos", instalada desde 1956 en el número 21. Más tradición tiene el almacén de mantas "La Camerana" en el número 16, fundado por el riojano Basilio Sánchez Pérez en 1854. Pero la “joya de la corona” es la singular tienda "El Ángel" ("Sobrinos de Pérez"), dedicado al arte sacro desde 1867 y fundada por otros dos riojanos, Basilio y Leoncio Pérez.​

   En tanto se han olvidado ya las desaparecidas "Camisería Cano", en el número 1; la "Corsetería Marjo", en el número 3; o la droguería y perfumería de E. Martínez Orúe, fundada en 1888, en el número 19; o la tienda de coleccionismo "Sendero", en el 26.​ 

  La calle de Postas, por su presencia e influencia en la obra de Galdós, ha merecido la atención y el estudio de reputados galdosistas como Pedro Ortiz Armengol que la define «nervio principal en la vida económica de la ciudad y de España entera, y ello durante muchos años».

   En ella se reunieron y enriquecieron varios de los Cinco Gremios Mayores de la Villa:

  Ya en 1840 las casas que traían directamente el género de Cantón no podían competir con las que lo encargaban a Liverpool. Cualquier mercachifle de la calle de Postas se proveía de este artículo sin ir a tomarlo en los dos o tres depósitos que en Madrid había. Después las corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos años ha vuelto a traer España directamente las obras de King-Cheong; mas para esto ha sido preciso que viniera la gran vigorización del comercio después del 68 y la robustez de los capitales de nuestros días...

   En este magma comercial, cuna de la burguesía madrileña del siglo XIX, fraguó Galdós la historia universal de Fortunata y Jacinta.   

sábado, 30 de abril de 2022

Calle del Codo

   

  Sus escasos 75 metros de longitud y la forma que tiene, creando casi un ángulo de 90º llevaron al Marqués de Grabal a bautizarla con ese nombre a principios del siglo XVIII, por lo que pasar por ella supone regresar al Siglo de Oro Español.

   

Esta pequeña vía une dos de las plazas con más encanto de Madrid: la del Conde de Miranda y la de la Villa. Y puede presumir de albergar un espacio protegido por el entorno histórico artístico que la rodea: haciendo esquina con la Plaza de la Villa se encuentra la Torre de los Lujanes. En esa misma parte de la calle están también la Real Sociedad Económica Maritense de Amigos del País, la antigua Hemeroteca Municipal y la Iglesia del Corpus Christi, en la que se encuentra el Convento de las Carboneras, ya que la congregación guarda una imagen de Inmaculada Concepción encontrada en una carbonería y a la que se le atribuyen diversos milagros.

  Ajena al sol, tan sombría y oscura que casi no conoce el día, perdura en el callejero de Madrid como una suerte de reliquia del Siglo de Oro.

  Esta vía, además de ser un lugar de tránsito entre las tabernas de la Villa, fue un punto habitual de duelos entre caballeros. Pasados más de tres siglos, aunque con un tránsito y una consideración opuestos, mantiene intacta su atmósfera de Madrid antiguo. 

 Se mantiene el vinculo entre la calle y Francisco de Quevedo. Dicen que don Francisco acostumbraba a orinar en este punto.  Cada noche, al regresar de su ronda por las tabernas de Madrid, Quevedo se detenía a orinar en la misma tapia, desatando el enfado de quienes allí vivían. Incluso se ha dicho que uno de los vecinos, con la intención de tocar la conciencia del literato, pintó una cruz con el mensaje «No se mea donde hay una cruz». Él, fiel a su ironía, contestó con un nuevo depósito y otra frase: «No se coloca una cruz donde se mea».




viernes, 1 de abril de 2022

Calles y plazas de Madrid. Calle de la Ballesta

 

   La Calle de la Ballesta guarda  una curiosa historia íntimamente ligada a su nombre. Al parecer en esta calle tuvo su vivienda un cazador tudesco. Según recogen los libros éste hombre tenía junto a su casa un gran corral en donde, a cambio de un dinero, la gente podía practicar el tiro con ballesta sobre una serie de animales encadenados como jabalíes, lobos o venados. Un sádico negocio que pronto alcanzó gran notoriedad en la zona.

  Sin embargo, esta macabra atracción un día se vengó de este peculiar personaje. Resulta que en cierta ocasión llevó al corral a un jabalí de gran tamaño que había capturado en el Monte del Pardo. El animal, asustado y agresivo, tras recibir el impacto de varias saetas comenzó a luchar por su vida y en su intento por huir le asestó una brutal colmillada al dueño del corral que terminó con su vida. Para cuando se produjo este inesperado final, el corral del tudesco ya era conocido por todos como ‘el corral de la ballesta”, apelativo que por extensión pasó a denominar a la calle entera. 

   En esta singular y céntrica vía han vivido varios personajes famosos como la escritora gallega Rosalía de Castro, quien tuvo su vivienda en el bajo del Nº13. Otro vecino ilustre, aunque pasó mucho más inadvertido, fue el político O’Donnell quien permaneció escondido durante cuatro meses en uno de sus pisos. Ya en el siglo XX, el cántabro Ramón Pérez de Ayala fue huésped en la pensión de ‘doña’ Trina, escenario donde situaría luego su "novela poemática" La caída de los limones.

  La reciente historia de "la Ballesta" quedó determinada por la circunstancia de que durante la segunda mitad del siglo XX fue uno de los ejes de la prostitución ilegal (pero consentida por el franquismo y tibiamente combatida por la Transición). 

  En la actualidad las calles Ballesta,  Corredera Baja de San Pablo y Desengaño, son los tres lados del triángulo bautizado como Triball. Una zona que busca reinventarse a sí misma con la llegada de nuevos empresarios y comercios que den una bocanada de aire fresco al barrio. Poquito a poco parece que lo van consiguiendo, borrando con mucho esfuerzo unas etiquetas poco dignas para una vía con una situación tan privilegiada.

sábado, 19 de marzo de 2022

Calle del Desengaño

  

  Situada entre la calle de Valverde y Concepción Arenal, a un costado de la Gran Vía, se encuentra esta pequeña calle que nos ocupa, la calle del Desengaño. Ya en 1656 en el plano de Texeira se nombra como calle del Desengaño, hoy de los Basilios".​ En un principio la calle fue más larga, pero en 1926 cedió parte al edificio Telefónica.

    El nombre se vincula a la lucha por el amor de una dama. Cuenta la leyenda que mientras el Caballero de Gracia y Vespasiano Gonzaga se batían en duelo por una doncella, allá por el siglo XVIII, una figura cubierta por un velo y perseguida por un zorro se abrió paso entre los contendientes, que decidieron parar su disputa y seguir a la misteriosa sombra de apariencia femenina. Su reacción de sorpresa y decepción al comprobar que lo que creían una bella mujer era en realidad una momia bien conservada bautizaría para siempre a la calle del Desengaño.   

  Entre los más ilustres vecinos, hay que mencionar a Francisco de Goya. El pintor habitó en el número 1, entre 1779 y 1800, año en que se trasladó a la cercana calle Valverde, nº 15, esquina a Desengaño, un episodio vital del genio aragonés al que el escritor alemán Lion Feuchtwanger dedicó la novela de corte histórico titulada precisamente Goya, o La calle del desengaño (1951). En la calle del Desengaño murió su esposa y nació el único hijo que le sobrevivió; y en el número 17 de la misma calle vivió y murió la que fue compañera de los últimos años de Goya, Leocadia Zorrilla.